Author Archives: gabriela

“KOM PUN KAAAAAAAAAAAAAAAA” (Gracias!)

Templo del Buda tumbadoComo estrella invitada a MELARGODEVIAJE tengo el honor de escribir el segundo post de Tailandia. Admito que no será fácil, porque mi primera aventura en Asia, acompañando por 15 días a Álvaro y Miguelito, dio para mucho.

Lo primero fue saber que ninguno de los dos estaba dispuesto a recogerme en el aeropuerto, ni menos a la hora de mi llegada: 5 y media de la mañana. No me quedó más remedio que armarme de valor y arreglármelas solita en la entrada a una de las ciudades más caóticas: BANGKOK. El golpe de calor y humedad cuando fui a buscar al taxi me lo resumió todo. PREPÁRATE GABRIELA.

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Después del reencuentro con los chicos comenzamos la travesía. El primer día lo dejamos para la visita obligatoria a los Templo del Buda tumbadotemplos. Aquí es el bien más preciado y Buda tiene cientos de guaridas en donde los creyentes –que son todos- van a rendirle pleitesía. Nosotros no quisimos ser menos y tapados literalmente hasta las orejas –las mujeres debemos entrar sin mostrar ni piernas ni hombros- entramos a todos. Uno de ellos resguarda la imagen de un Buda acostado de más de 16 metros de largo, bañado en oro. A estos templos se llega en River Boat, otra manera de cruzar Bangkok y que resulta más rápida y barata (sólo 13 THB, unos 0,30€).

Lo barato que es todo te hace más feliz aún y más tentado a probar de todo. Comer fue uno dRestaurante favorito al lado de Kao San Roade nuestros grandes placeres por decir de una manera decente que nos pusimos como el Quico. Sólo por dos euros cada uno comíamos en un restaurante casero llamado Pua Kee, cerca de Kao San Road, una de las calles más populares de Bangkok, recomendadísimo para todos los que tienen planeado hacer ruta gastronómica sin reparos. Esto último no es apto para “tiquis miquis”, porque donde mejor se come es en la calle. No hay que tener reparo alguno de probar un excelente Pad Thai con Tofu, sopa de curry verde con coco o un shake multifrutas. Yo que soy de buen comer –y quedará demostrado en las fotos- no me privé de nada, ni siquiera de la oportunidad de probar langostas, escarabajos y orugas fritas, que saben más a aceite que al mismo bicho.

Comiendo bichos

Uno de los mejores sitios para comer son los mercados. Atraídos por eso y por ser el más grande de Bangkok fuimos al de Chatuchak. Las compradoras empedernidas como yo lo tenemos difícil cuando ves que está el regalo perfecto para todo el mundo pero no tienes espacio en la maleta. Tuve que conformarme con comprar pequeños caprichos de moda tailandesa y el resto del tiempo, ahogar las penas con un helado de coco, tal vez el mejor que he comido en mis 32 años.

Quien viene a Bangkok tiene como visita obligada el distrito de Pad Pong. Los tailandesdes son capaces de copiar todo tipo de carnets y licencias internacionales hasta el mítico “clutch” de Chanel que se va conmigo a Barcelona. Aquí los louis vuittones, guccis y rolexes se venden como pan caliente y no puedes dejar de llevarte alguno, no sin antes hacer gala de tus mejores técnicas de regateo en las que Álvaro y Miguel ya tienen el “Dive Master”. Los thais se quedan con la sensación de haber hecho el negocio del año o de que le has tomado el pelo lo más grande.

Bangkok de noche, desde un piso 63En este mismo barrio nos quisieron tomar el pelo a nosotros. Curiosos por ver a las ping pong ladies –chicas que hacen malabarismos con pelotas de ping pong y no precisamente con las manos- nos dejamos llevar por uno que nos ofreció el show.  Lo seguimos y llegamos a su local, más cutre no podía ser. Nos soprendió que al principio no nos dijeran los precios reales de las bebidas. Pedimos tres cervezas y esperamos atentos a que saliera la estrella. Nuestra decepción fue más grande cuando nos dimos cuenta que el clímax de la actuación era que la bola entrarar a un vaso que la mujer se ponia en medio de las piernas. Eso parecía una gallina poniendo un huevo, vamos, y hasta yo lo puedo hacer mejor! Nos quisimos ir y allí vineron los problemas. Al traer la cuenta sumaban 4.300 baths, casi 85€. Nos estaban cobrando el show -¿cuál?- las copas de las chicas –no habíamos invitado a nadie- y las cervezas –que nos tomamos a medias. Miguel se puso a discutir y el dueño más se enfureció. Por otro lado Álvaro gritaba a la dueña, y yo me tomaba la cerveza de los nervios. Al final pagamos sólo 1.000 baths es decir, las tres cervezas y nos fuimos con la sensación de sentirnos timados, aunque unos días más tarde comprobamos con otros viajeros que no seríamos ni los primeros ni los últimos.

Isla de Koh Tao - Mango BayLa ciudad ya nos pareció suficiente y partimos a la playa: Koh Tao. Llegamos a la isla pensando que nos esperaría una vida tranquila, con gente autóctona, pero aquí está hecho por y para turistas y más que pieles morenas y sonrisas agradables nos recibieron guiris un poco locos, quemadísimos por el sol y con cara de pocos amigos. Las playas eran lindas, arena blanca, pero estaba más poblado que Ibiza en agosto y eso para tres treintones en busca del paraíso, no era suficiente.

Koh Tao

Igualmente decidimos quedarnos un par de días para que los chicos hicieran una inmersión y darnos tiempo de ver Mango Bay. Aquí hice mi primera incursión con snorkel, supervisada pro Álvaro porque con lo cagada que soy, sola no me atreví.  Es increíble y súper recomendable, te sientes pequeñísima viendo el fondo del mar y los colores que pueden existir. ¡Si hasta vi peces azul Klein y estoy convencida de que ellos fueron los que inventaron el color!

Snorkleando

Por consejo de dos chicas argentinas monísimas que conocimos en el camping, nuestra ruta varió. Decidimos cambiar Koh Pah Ngan –donde se hacen las míticas fiestas de la full moon y todo el mundo sólo va a ponerse de vuelta y media- por la isla de Koh Jum, una de las más tranquilas de Tailandia.

De camino a Krabi - Koh Jum, en la estación de autobusesLlegar no fue fácil y nos supuso más de 12 horas de viaje –lo mismo que a mi desde MAD a BKK- , dos cambios de barco, un autobús, una van incomodísima y una noche en la ciudad de Krabi que se compensó con la visita al mercado nocturno donde nuestro objetivo fue probar lo más raro de los puestos de comida y cada plato por solo 10 baths.

El sábado a mediodía se avistaba Koh Jum a lo lejos. No veíamos ni muelle ni embarcadero ni nada. Íbamos a Andaman beach. En medio del mar el barco se detuvo y una “lancha del resort” –como si fuese una limusina de hotel- nos pasó a recoger con todos nuestros bártulos. Al llegar es el mismo mar que te recibe porque debes saltar al agua para bajar.

Llegada a Koh Jum

Nuestro resort en Koh Jum

Caras sonrientes, lugareñas, menos de dos guiris a la redonda, playas desiertas –aunque quizás no las más bonitas que hemos visto- el mejor masaje tailandés hecho por una veterana y que se notaba que sabía –al otro día amanecí con agujetas- y la mejor comida que hemos probado resume esta isla. Mención especial merece Dilah, la dueña del resort de al lado y restaurante donde fuimos a desayunar y cenar todos los días, que aparte de probar la mejor comida de todo el viaje sin lugar a duda, ella era encantadora. Sólo con escuchar su risa y su manera positiva de ver la vida, valía la pena repetir.

Dila, del Hostal Bo Daeng, el día de su cumpleaños

Uno de los días en Koh Jum nos sirvió para irnos de excursión a las islas Phi Phi, a ver la mítica “beach” de Di Caprio –que Snorkling en Phi Phi Lehhoy es un embarcadero repleto de turistas que en defintiva no te dejan ver la playa, aparte de pagar 200 baths por pisarla-, hacer snorkel en el mar más turquesa rodeados por acantilados y conocer las islas donde fue el tsunami del 2004. Estas últimas las famosas Phi Phi Don, ya no podían estar más llenas de gente, absolutamente NO recomendables a primera vista porque no puedes disfrutar de la playa por la cantidad de lanchas que hay ni por lo caro que es todo.

Bronceada, con unos kilos de más, pero completamente feliz termino mis vacaciones. Después de este tostón de post (y se me quedaron mil anécdotas en la memoria), sólo decir que unirme a dos viajeros de lujo, es un verdadero lujo y que este viaje no habría sido igual sin ellos. Reírnos hasta decir basta de cualquier tontería que se nos ocurría, probar todos los sabores sin miedo, introducir nuevas palabras a nuestro vocabulario petardo como “ten baa” (change bus) o “sheim sheim” (same), ya ha sido una experiencia.

Nuestro taxi en Koh Jum

“Kom pun kaaaaaaaaaaa “ Álvaro y Miguelito por dejarme acompañarles en ésta, mi primera aventura… que quizás no sea la última.

Atardecer en Koh Tao

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