-“¿Cuanto cuesta una habitación/una botella de agua/cualquier cosa?”
-“300.000 rupias/10.000 rupias/lo que sea”
-“Puedes hacernos un precio mejor”
-“No, no, ya es muy barato, es mi último precio”
-“Te damos 200.000/5.000/la mitad de lo que sea y good luck for you”
Este dialogo lo hemos aprendido y posteriormente repetido de forma rutinaria desde que llegamos a Indonesia el pasado 23 de Julio. Somos Fran y Jaime, dos amigos de Alvaro y Miguel, y hemos tenido la suerte de compartir esta última etapa de su viaje con ellos.
Este año al planear nuestras esperadas vacaciones teníamos una doble motivación, por un lado disfrutar del merecido descanso anual, planeando con ilusión desde los meses anteriores, vuelos, sitios que visitar, rutas…y por otro, teníamos la ilusión de volver a reencontrarnos con dos de nuestros mejores amigos, que como todos sabéis llevan 11 meses recorriendo el mundo.
Dos días después de aterrizar en Bali, y tras pasar una noche en una casa mansión al sur de Bali (gracias a los contactos de Alvaro y Miguel) nos dirigimos en un coche alquilado al centro de la isla, a la ciudad de Ubud, considerada la capital cultural de Bali. Rodeada de arrozales, es una ciudad tranquila pero con las comodidades y la amabilidad (y los buenos precios) que un turista occidental puede esperar del sudeste asiático. La ciudad esta rodeada de tiendas de muebles, puestos de artesanía y mercados donde regatear y practicar el dialogo que encabeza la entrada de este blog.

Una de las cosas que hicimos aquí fue visitar el bosque de los monos; es un parque al sur de la ciudad, que como podréis imaginar por su nombre, está lleno de monos. Además de monos hay unos cuantos templos hinduistas, y lo interesante es que mientras tú haces la visita turística de rigor, los lugareños practican su culto en el templo y sus ritos ajenos a la presencia de los visitantes. Los monos, por su parte, están de un lado a otro del bosque y tan sólo rompen su rutina si algún turista les ofrece un puñado de plátanos.
Tras unos días en el centro de Bali, pusimos rumbo a la costa este para tomar un barco hasta las islas Gili (Lombok). Se trata de tres pequeñas islas: Gili Air, Meno y Trawangan, bañadas por aguas azul turquesa y en las que no circula ningún vehículo.
Nuestra primera parada fueron 4 días en Gili Trawangan, la segunda de las islas por número de habitantes y la primera por número de turistas. Aquí hay una oferta vacacional variada, playas tranquilas en la costa este y playas con estilosas hamacas y música house de fondo en la costa oeste; Resorts de lujo y sencillos bungalows; restaurantes occidentalizados y puestos callejeros, donde comer estupendos Nasi Goreng; discotecas llenas de gente y tranquilos locales para tomar una copa mientras se pone el sol… Nosotros nos decidimos por los sencillos bungalows y las copas mientras veíamos al atardecer y alternamos entre las playas de la costa este y oeste y entre los restaurantes y los puestos callejeros de comida.


En esta isla también recordamos los clásicos cines de verano en versión tropical; cada día proyectan 2 películas que puedes ver recostado en hamacas en la arena. Es curioso como a 12500 km de casa, algo tan rutinario como ver una película se puede convertir en una experiencia maravillosa. No sabemos si será el hecho de estar de vacaciones, la distancia de casa o el exotismo de otras culturas pero valoras de distinta manera acciones tan sencillas como un cine al aire libre, una cerveza viendo el atardecer o dormirte oyendo los grillos y los gekos de fondo.


Así pasaron los 4 días decidiendo entre a que playa ir, donde comer, donde merendar y donde cenar.
Buscando mejorar la experiencia dimos el salto de Gili a Gili.
En Gili Meno la cosa cambia. Es la isla más pequeñas de las tres (tan sólo
300habitantes), y no demasiados turistas. La isla se puede recorrer de punta a punta a pie y la tranquilidad que allí se respira sólo se ve alterada por la llamada al rezo desde la mezquita. No hay discotecas, ni hay vehículos de motor, solo bicicletas y carros tirados por caballos, dos pequeñas tiendas, algunos restaurantes y bares y un par de sitios para conectarse a internet. Allí estuvimos 2 días, disfrutando el placer de no hacer nada, de ir a la playa, hablar, y ponernos al día.
Además de sol, playa y tranquilidad, en esta isla se puede probar una excelente comida local en sus sencillos restaurantes, de los que no nos resistimos a recomendar el “Jali Café” y su masaladosa con salsa de curry.

Cuando quieres exprimir al máximo tus 3 semanas de vacaciones, te obligas a continuar y abandonar sitios paradisíacos en contra de lo que te dicta el corazón. De esta manera decidimos abandonar las islas Gili para intentar descubrir Lombok.
Cualquiera de las tres Gili está conectada con Lombok mediante ferrys, shuttles o barcos públicos a diario. Nos decidimos por la última y con diferencia más barata de las tres opciones.
Así llegamos a Bangsal, una de los puertos de entrada de la isla.
Tan pronto como divisamos tierra firme pudimos distinguir un gran número de personas en la orilla de la playa. Ya la Lonely Planet advierte que desde el primer momento en que pones un pie en esta isla, tienes que sortear numerosos “caza turistas” que te ofrecen todo tipo de servicios: transporte, alojamiento, etc… con la intención de timarte en todo lo que puedan.
En esto la guía no estaba equivocada. Pudimos comprobar como un lugareño le decía a la chica del puesto de información que no nos respondiera y así él conseguir vendernos su trasporte, que era mucho más caro.
Ante esta situación decimos andar hasta la estación central de autobuses, a pesar de que todo aquel que nos rodeaba nos decía que estaba muy lejos y que necesitábamos transporte. Finalmente la estación estaba a poco más de 300 m del puerto. Allí nos juntamos con otra pareja de viajeros franceses, y entre los seis conseguimos transporte hasta Senggigi, nuestro primer destino en Lombok.
No imaginábamos que nuestra primera parada se convertiría también en la última, ya que igual que en el puerto, en Senggigi no era posible dar un paso sin que te agobiaran intentando venderte algo. Incluso mientras intentábamos comer se metían el los restaurantes a ofrecerte cosas. Con todo este panorama y que lo poco que vimos de su playa tenía más suciedad que cualquier otro tipo de encanto, decimos poner fin a nuestra estancia en la isla.
Ahora, mientras escribimos esto desde el barco que nos lleva de vuelta a Bali, estamos seguros que en Lombok había un montón de cosas interesantes por conocer pero nuestra experiencia allí nos hizo cambiar el rumbo. Para bien o para mal eso es lo bueno de estar de vacaciones y viajar sin planes, que te da total libertad para cambiarlos en cualquier momento…así que: “Good luck for you”!!









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