Esto se acaba. En menos de 5 días estamos de vuelta en Barcelona. Parece que fue ayer cuando estábamos pensando en qué meter en la maleta o qué países visitar… y sin embargo ya ha pasado casi un año. Estoy inquieto. No tanto por lo que me voy a encontrar a la vuelta, sino más bien por cómo voy a encajar yo, después de este año, en esa realidad. También estoy orgulloso porque he conseguido cumplir un sueño, y lo hago regresando junto a Álvaro.

Tengo ganas de volver, de ver a mi familia y amigos,…. Tengo ganas de dormir en mi cama sin preocuparme de si habrán bed bugs o no…. de ducharme con mis toallas…. de tomarme un cafe de cafetera o un yogur… de llevar ropa limpia que huela a detergente…. Pero aunque tenga ganas de todo eso, también sé que al poco tiempo de volver, tendré ganas de viajar de nuevo. Lo explican muy bien Pablo y Elena en su último post. Cuando tengáis un momento leedlo porque está muy bien. Así que no sé…. a ver cómo va esa adaptación. Ya os la contaremos a la vuelta.
Después del viaje infernal desde Lombok hasta Bali, rodeados de gente vomitando, decidimos parar unos días en Kuta. Que sí, es un lugar turístico y algo masificado, pero no nos vino mal después de varios días haciendo de Robinsones en las islas Gili.
El primer día, a un parque acuático dónde disfrutamos como enanos, tirándonos por toboganes de agua que hacían piruetas, tirabuzones, y caídas en picado. Como había poca gente y no tuvimos que hacer casi colas, nos tiramos tantas veces que nos salieron morados en el culo.


Y para morados, como nos pusimos en una panadería que descubrimos enfrente del paque acuático. Se llama Breadtalk, y te venden los bollos y los croisssants como si fuesen delicatessen. Baratos (a 6000 rupias el bollo – medio euro-) y riquísimos. Nos pusimos las botas.


Aprovechamos también para visitar el templo de Tanah Lot, que es interesante porque puedes acceder a él sólo cuando la marea baja.

Lo fuerte fue que mientras estábamos en el templo, un chico pidió hacerse un foto con nosotros, y al chico le siguieron varias chicas, mujeres y hombres. Todos Indonesios, que posaban con nosotros como si fuésemos sus novios, sobrinos, hijos….

A Tanah Lot llegamos con unas motillos que alquilamos, y el camino fue precioso, atravesando campos de arroz interminables.

A la vuelta sin embargo, el atasco que pillamos fue monumental. Coches, camiones, motos por todos lados….. todos intentando hacerse un hueco para poder circular. Nunca he visto un atasco igual.

Me pilla algo así en Barcelona y me vuelvo loco. Pero allí no, no sé si es que están acostumbrados o será su religión (en Bali la mayoría son Hindús), que nadie pierde los nervios…. ni pitos, ni malas caras ni insultos. Allí los únicos estresados (y flipados) eramos los guiris.
Tuvimos también una noche en la que salimos, con travesti incluída, que se fotografió con nosotros cuál diva.

Dejamos la isla de Bali para venirnos a la isla de Java y ver el amanecer en el volcán Bromo. El viaje, aunque sin vomitonas ajenas, fue interminable. 8 horas metidos en un cacharro de autobús y todos los hombres fumando como carreteros. En Indonesia se fuma MUCHO (sobretodo los hombres) y la prohibición de fumar en lugares públicos no la conocen. A pesar del coñazo que fue el viaje, las vistas del volcán Bromo lo merecen.
Pasamos noche en Cemoro Lawang, el pueblecito que está en las faldas del volcán a unos 2000 metros de altitud. Hace frío y da más la impresión de estar en un pueblecito del Tibet que en uno de Indonesia. Te pegas un super madrugón (a las 3:30 de la madrugada) para ir a ver el amancer junto al volcán. Las vistas son impresionantes… un paisaje lunar con cráteres soltando humo. Lo malo quizás es que hay mucha gente, pero aún así es espectacular.

De ahí, vas al borde del cráter, y la subida la puedes hacer en caballo o andando. Nosotros optamos por subir a pie, y llegas arriba derrengado porque la subida y las escaleritas del final tienen tela.


Uno de los males necesarios que tienes que pasar si quieres ver el Bromo es la estación de autobuses de Probolinggo, a 30 km del volcán. La guía habla de ella como un lugar en el que tener cuidado por estar llena de ladrones, timadores y aprovechados que intentan venderte los billetes de bus 4 veces más caros. Lo malo es que si viajas con bajo presupuesto y de forma independiente, para llegar o salir del Bromo tienes que pasar necesariamente por ella. A nostros nos tocó al irnos del volcán, pero aún así, pudimos evitar entrar en la terminal, colocándonos directamente en la salida de los autobuses y casi asaltando al primero que vimos salir con rumbo a la ciudad de Surabaya.

Si es que basta que la guía te hable de un sitio en el que tener cuidado para que cambies el chip y volverte super receloso. Tanto es así, que ya dentro del autobús, y para evitar que nos timaran, a Fran no se le ocurre otra cosa que sacarle su iPhone a la mujer que tenía al lado y pedirle que le dijera el precio del billete. La mujer debió flipar (y todo el autobús, porque al ser los únicos guiris, estaban todos pendientes de lo que hacíamos) pero fue encantadora y asumió su papel protector durante todo el viaje: nos quiso comprar galletas, mandaba callar a otros cuando hablaban de nosotros….
A Surabaya llegamos 5 horas más tarde, hartos de tanto bus, y con la intención de coger un tren que nos transportara durante toda la noche hasta la ciudad de Yogyjakarta (y así de paso nos ahorrábamos una noche de hotel).
No, no somos masocas y no nos apasiona la idea de hacer un viaje en tren de 5 horas después de uno en bus de otras 5. Pero como sabemos que los desplazamientos son una tortura, preferimos agruparlos, para llegar antes a nuestro destino y disfrutar de más tiempo “quietos” en un lugar.

De ahí nuestra desesperación en Surabaya al descubrir que el tren no salía hasta las 7 de la mañana del día siguiente. Por suerte, una mujer debió darse cuenta de nuestra situación, y se ofreció para llevarnos en su coche, con su marido, a un hotel. Otro ejemplo de “la bondad de los desconocidos”…. como tantos otros que hemos tenido en esta vuelta al mundo.
A Alvaro desde España le va a tocar escribir la última entrada con las aventuras de Indonesia, y después posiblemente escribamos alguno más que recoja algo de información práctica. No pretendemos ser gurús de viajes ni dar lecciones de nada. Pero quizás sean datos que a otros viajeros sirva.
Termino aquí el post. El último que escribo de viaje. Muchas gracias a todos los que nos habéis ido siguiendo en esta vuelta. Mil gracias por vuestros comentarios y mails, por vuestro apoyo, ánimos y consejos. Terminamos el viaje con la sensación de haber conocido a gente estupenda, tanto virtualmente como en ruta. De veras os decimos que nos hemos sentido muy afortunados de poder compartir esta aventura con todos vosotros.
A tod@s, con MUCHO cariño, un fuerte abrazo.



















Desde un skyline precioso con espectáculo de música incluído, a las vistas desde The Peak (un monte que hay dentro de la ciudad) todo en Hong Kong nos ha encantado.












Debe ser algo bastante frecuente en los viajes largos, en los que la mente, “libre”del estrés del día a día y lejos de todo lo que representa, se entretiene en pensar cualquier cosa. Sobretodo sucede cuando viajas (o sea, desplazándome de un sitio a otro) porque son horas y horas, metidos en barcos, trenes, estaciones de buses, esperando en puertas de embarque, viajes eternos en autobuses nocturnos…. escuchando música (o no) y viéndolo todo pasar delante de ti….





En el 79 los vietnamitas invadieron Camboya, liberaron al pueblo de los Jemeres Rojos, y descubrieron semejante percal. Pero claro, era plena Guerra Fría, y los países del bloque capitalista no podían reconocer a los vietnamitas (comunistas) como gobierno legítimo de Camboya. Así que los Jemeres Rojos ocuparon, con el consentimiento del resto de paises miembros, un asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas hasta 1991. Es decir, los asesinos representando a los asesinados ante el mundo entero. Que cada cual saque sus propias consecuencias. Termino aquí la clase de historia (¡hay que ver lo que uno aprende cuando viaja!), pero por eso empezaba diciendo que el caracter alegre y amable de los camboyanos sorprende, porque les sobran los motivos para no ser ni una cosa ni la otra.









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