Author Archives: miguel

VIAJES MENTALES

Mi cuñado James, antes de empezar esta vuelta al mundo, me dijo que uno de los mejores recuerdos que tiene de un viaje que hizo de seis meses por el Amazonas, es el cómo la mente, al viajar, hacia sus propios viajes pensando en mil cosas. Entonces no comprendí bien a qué se refería y ahora, 9 meses después, le entiendo perfectamente.

Comiendo pipas en uno de los muchos viajes en bus...Debe ser algo bastante frecuente en los viajes largos, en los que la mente, “libre”del estrés del día a día y lejos de todo lo que representa, se entretiene en pensar cualquier cosa. Sobretodo sucede cuando viajas (o sea, desplazándome de un sitio a otro) porque son horas y horas, metidos en barcos, trenes, estaciones de buses, esperando en puertas de embarque, viajes eternos en autobuses nocturnos….  escuchando música (o no) y viéndolo todo pasar delante de ti….

No pretendo ponerme profundo ni buscarle el lado filosófico al viaje, porque en esos “viajes paralelos” la cabeza  piensa de todo, desde  la tontería más grande (Isabel Preysler, ¿es filipina o es “mixta”?)  a la cosa más trascendental (¡qué coño voy a hacer con mi vida cuándo regrese a España!).

A ver, también es verdad que siempre podemos conversar el uno con el otro, pero llevamos 9 meses de viaje las 24 horas juntos, y hay tiempo para todo.

En autobuses nocturnos nos hicimos el trayecto desde Kuala Lumpur hasta la pequeña isla Perhentia (Perhentia Kecil) y en otro autobús nocturno nos hicimos el trayecto desde esa isla hasta otra, más abajo, llamada Palau Tioman. Lo bueno de los autobuses nocturnos es que te ahorras la noche de hotel y lo malo es que duermes fatal (si duermes…).

Palau Tioman

En las dos islas hemos buceado y nos han gustado las inmersones, pero ha sido en Palau Tioman dónde hemos flipado con el manto de coral blanco que cubre el fondo (lo llaman “potato coral”). Metros y metros de coral que se parecen a lo que ves cuando vas en avión y debajo tienes nubes blancas que parecen de algodón… pues lo mismo, pero debajo del agua . No hay fotos porque nuestra camara no es sumergible :-(

El cruce de fronteras entre Malasia y Singapore fue super bien. Acostumbrados a los dudosos “pagos” que hay que hacer en Laos y Camboya a los oficiales de inmigración, en este paso nada de eso. Todo super organizado, preludio de lo que más tarde nos encontrariamos en Singapur.

Singapur es rara, porque es una ciudad – isla – estado, dónde se mezclan muchas culturas (en su mayoría indios, chinos y malasios) y en la que todo funciona a la perfección (o al menos eso es lo que parece). Está limpia (lo de que está prohibido mascar chicle es verdad) y no te encuentras a ningún pobre mendigando por las calles. Puedes pasear por Chinatown o Little India, y en minutos cambiar de entorno y estar entre rsacacielos super futuristas.

Chinatown

Nuevo hotel en construcción...

Si además te gusta el shopping, aquí hay centros comerciales hasta debajo de las piedras. Nos ha gustado por esa mezcla de culturas (que se traduce en platos diferentes :-) y porque la hemos conocido en compañia de Alejandro, un chico argentino muy majo que conocimos en Malasia.

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Y de Singapore a Filipinas, dónde estamos ahora. En Filipinas sólo nos va a dar tiempo de ver la zona central, las Visayas, porque cuando entras en el país el visado es de sólo 20 días y si lo queres alargar, te toca soltar una pasta. Nos ha sorprendido la pobreza (no sé por qué no creíamos que fuera tan pobre) y el hecho de que todo el mundo hable inglés (muchos perfectamente) .  Hemos venido a seguir buceando y a ver si podemos bucear con Tiburones Zorro y Tiburones Martillo, las dos especies en peligro de extinción pero que todavía pueden verse con bastante frecuencia por esta zona. ¡A ver si tenemos suerte!

thresher

La foto no es nuestra, está sacada de Internet.

Este viernes se casan en España nuestros amigos César y Juan Pablo. Nos da pena no poder estar allí con ellos y poder celebrarlo, pero esperamos poder hacerlo a nuestra vuelta. Chicos, ¡Muchas Felicidades!

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ME QUEDO CON CAMBOYA

De los tres países que hemos visitado hasta el momento en el sudeste asiático, Camboya ha sido el que más nos ha gustado, posiblemente porque aquí es dónde más hemos percibido la amabilidad de la gente.  No es extraño que al cruzarte por la calle te saluden, o que te sonrían con una pedazo sonrisa de oreja a oreja al verte pasar en un tuk tuk. Son amables y cálidos en el trato, y los que intentan venderte algo (léase tuctuqueros, comerciantes y demás) lo hacen sin agresividad y sin ser pesados. Una grata sorpresa que sorprende aún más si pensamos en la terrible historia reciente de este país y el infierno por el que han tenido que pasar los Camboyanos.

Niños camboyanos posando para la foto. En Battambang

De 1975 a 1979 el país fue gobernado por los Jemeres Rojos (Khmer Rouge), un grupo guerrillero que al llegar al poder instauró un sistema totalitario con la idea de crear un estado agrario/campesino dónde no existieran ni clases sociales ni cultura urbana. Aislaron al país del exterior, se cerraron escuelas, hospitales y fábricas, se abolieron la moneda y el sistema bancario, se prohibió el ejercicio de cualquier religión y se confiscó toda la propiedad privada. Liderados por Pol Pot, se evacuaron las ciudades y  se sometió a la población del país a trabajos forzados en el campo.  Con esa idea en la cabeza practicaron detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos masivos. Niños, mujeres, hombres…. daba igual. Llevar gafas, tener estudios o hablar un idioma eran suficientes para considerarte “enemigo” del sistema y asesinarte.  En los casi 4 años que duró ese régimen, las torturas, ejecuciones, hambrunas y trabajos forzados mataron a 1,7 millones de personas (y la cifra es una estimación, hay expertos que hablan de 2,5 millones). Es decir, unas 1.000 personas al día. Una auténtica barbardad si pensamos que la población del país en 1975 era de 7,1 millones. Un genocidio en toda regla que sucedió hace sólo 35 años y después del Holocausto judío…. ¿Qué hizo la comuidad internacional? Pues nada, la historia se repite y no fuimos capaces de hacer absolutamente nada para evitarlo.

Fotos de los asesinados y torurados en el S-21En el 79 los vietnamitas invadieron Camboya, liberaron al pueblo de los Jemeres Rojos, y descubrieron semejante percal. Pero claro, era plena Guerra Fría, y los países del bloque capitalista no podían reconocer a los vietnamitas (comunistas) como gobierno legítimo de Camboya. Así que los Jemeres Rojos ocuparon, con el consentimiento del resto de paises miembros, un asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas hasta 1991. Es decir, los asesinos representando a los asesinados ante el mundo entero. Que cada cual saque sus propias consecuencias. Termino aquí la clase de historia (¡hay que ver lo que uno aprende cuando viaja!), pero por eso empezaba diciendo que el caracter alegre y amable de los camboyanos sorprende, porque les sobran los motivos para no ser ni una cosa ni la otra.

Con algo leído de todo lo anterior dejamos las 4000 islas en Laos para poner rumbo hacia la capital de Camboya, Phnom Penh (yo lo pronuncio Pon Pen, pero no sé si está bien).

Imagen de Don Khon desde Don Det, en las 4000 Islas, Laos

El cruce de frontera entre Laos y Camboya fue relativamente sencillo, aunque nos tocó pagar lo que ellos llaman “stamp fees” (tasas por sellarte). En el lado Laosiano te piden 2 dólares, y en el lado Camboyano, primero te piden un dolar unos tíos con batas blancas (¿médicos?) que te toman la fiebre y te preguntan si estás costipado, enfermo, etc….

Estos no sellan nada, y cuando les dices que es extraño pagar un “stamp fee” sin obtener sello (porque no te sellan nada),te sonríen y se encogen de hombros, como diciéndote “si majete, ya sabemos que canta la zarzamora, pero lo necesitamos más que tu”. Luego pagas el visado a unos oficiales camboyanos (este sí que es un pago oficial) y por último les sueltas otro “stamp fee” al que hace el control aduanero. Entre unos y otros, 4 dolares que se meten directamente en el bolsillo. Si te pones muy burro, puedes no pagarlos, como una chica que iba con nosotros que se empeñó, con muy buenas formas y siempre sonriendo (lo peor que puedes hacer en los países de esta zona es enfadarte y perder la calma), en hablar con alguien por telefono que le dijera que el “stamp fee” era legal. Al final se salió con la suya y no pagó mas que los 23 dolares del visado.

Estuvimos sólo un día en Phnom Penh, y lo dedicamos a visitar los lugares que atestiguan el genocidio: el centro S-21 y el campo de exterminio a las afueras de la ciudad. El S-21 era un antiguo colegio que se usó por los Jemeres Rojos como centro de interrogatorio y torturas. Hoy museo, sirve para dar a conocer lo que pasó y puedes contemplar las celdas, los métodos de tortura, y las fotos de todos los que por allí pasaban.

Celdas de madera en el edificio B del S-21

La cara de este chico lo dice todo

Del s-21 se los llevaban al campo de exterminio a asesinarlos, y allí, que hoy es un monumento en honor a la memoria de los muertos, caminas entre fosas, huesos humanos y restos de ropa que llevaban al ser enterrados. Se nos quedó a los 4 un mal cuerpo impresionante. De ahí, para recuperarnos, fuimos al Palacio Real de Phnom Penh, similar al de Bangkok, pero no tan grande.

Palacio Real de Phnom Penh

La última parada que hemos hecho en Camboya antes de llegar a los templos de Angkor Wat – Siem Reap ha sido la pequeña ciudad colonial de Battambang.

El mercado central de Battambang, con el reloj art decó

No tiene el encanto de Luang Prabang (Laos) pero estuvimos como reyes porque decidimos darnos el gustazo de quedarnos en un super hotel para celebrar el cumple de Álvaro. El hotel se llama La Villa, y es un hotel pequeño (hotel boutique) , en una antigua casa colonial francesa a orillas del río, decorado con muebles art decó y servicio exquisito…. y lo mejor: una piscina estupenda.

Nuestra habitación, la 4, gigante

La piscina de La Villa

Un lujazo a precios de hostal en Europa. Pasamos dos días en Battambang, y visitamos una antigua fábrica de Pepsi que abandonaron cuando llegaron los Jemeres Rojos, la antigua estación de tren, y un templo a las afueras que dicen sirvió de inspiración para construir los templos de Angkor Wat.

Los templos a las afueras de Battambang

La fábrica de Pepsi abandonada

Battambang merece la pena visitarla aunque sólo sea por hospedarse en La Villa, pero es también una buena forma de partir el viaje entre Phnom Penh y Siem Reap (Ankor Wat) y disfrutar de la amabilidad de su gente. Por cierto, en Battambang, y sirve de muestra de la alegría de su gente, cada día a partir de las 5:30 de la tarde salen miles de personas a bailar aerobic en un paseo que hay al lado del río. Montones de personas de todas las edades bailando al son de diferentes ritmos….

Aerobic en Battambang

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BIEN ACOMPAÑADOS EN LUANG PRABANG

Luang Prabang. El tiempo parece detenerse en esta pequeña ciudad colonial a orillas del Mekong. Todo aquí sigue un ritmo tranquilo y relajado, dónde puedes pasear por sus calles y admirar la mezcla entre el oriente y occidente de hace décadas. Edificios coloniales franceses junto a templos budistas centenarios.

Casa colonial en Luang Prabang, con coche incluído

Sin tráfico, poco ruido, calor y humedad… una ciudad con mucho encanto y algo mágica. Muchos vienen para unos días y se acaban quedando semanas. Es turística – es la ciudad más visitada de Laos – pero eso no le resta atractivo al lugar. Lo más bonito que he visto en Asia desde que hemos llegado. De nuestros paseos en bici hemos montado un video, para que os hagàis una idea de cómo es.

Llegar a Luang Prabang ha sido otro cantar. Lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar la frontera entre Tailandia y Laos, lo que implica tener que cruzar el Mekong (es la frontera entre ambos países) y una vez en Laos, coges un barco lento que durante dos días navega río abajo hasta dejarte en Luang Prabang. El viaje, que puede sonar muy romántico por eso de que navegas por el Mekong y estás en Asía, es un auténtico coñazo.

Con Alba y Enrico, ya en Laos, a punto de coger el barco lento

Te meten en un barco con otros cien mochileros, sentados en bancos de madera, dónde casi no te caben ni las piernas, asándote de calor,  y el ruido del motor taladrándote los oidos y obligándote a hablar a gritos. Una pesadilla que te toca vivirla por partida doble, porque si el primer día no has tenido suficiente, después de pasar la noche en un pequeño pueblo a medio camino, al día siguiente te toca volver a sufrirla.

Hacinados en el barco 8 horas

Otra del barquito, todos bien pegados

El segundo día tuvimos suerte porque gracias a Alba y Enrico, una pareja que conocimos en Chiang Rai, (y con los que decidimos cruzar la frontera juntos) pudimos hacer el viaje en “primera clase”: dos filas de asientos que en lugar de ser bancos de madera son asientos arrancados de una furgoneta y taladrados en el barco. Todo un lujo en esas circunstancias. Menos mal que al fnal llegas a Luang Prabang y todo lo malo del viaje se te acaba olvidando.

Además de Alba y Enrico, en el viaje también conocimos a tres chicas argentinas, Agustina, Barbara, y Betiana. Los 7, que nos pillamos bastante buen rollo, hemos pasado juntos gran parte del tiempo en Luang Prabang.

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Un día nos animamos a hacer una excursión a un pueblito cerca, a pasar el día con elefantes y bañarlos en el Mekong. La cosa consiste primero en dar una vuelta por la selva, sentados en el elefante en una especie de banco-sillín de madera que le ponen encima. Terminada la vuelta, llega el baño en el Mekong, y para esto, te tienes que montar en el elefante a pelo, sin silla ni nada. Por cierto, no os imagineis una hilera de elefantes bajando al Mekong, porque elefantes había dos, y guiris eramos cinco, las tres chicas montadas encima de uno, y Alvaro y yo encima del otro.

Cuando empiezas a bajar no tardas mucho en darte cuenta de que llegar hasta el río va a ser un ejercicio de fuerza y equilibrio impresionante. Al ser la bajada bastante pronunciada, como no eches el cuerpo hacia atrás y te agarres bien fuerte, corres el riego de salir disparado por encima de la cabeza del elefante y ser el primero en llegar, rodando, al río. Así que ahí estábamos, los cinco intentando no salir despedidos y agarrándonos al elefante como si en ello nos fuera la vida.

Ya en el Mekong, todavía encima de los elefantes

Cuando llegas al Mekong, el elefante se mete contigo encima, y entonces empieza lo que debe ser más divertido para los guías laosianos que nos acompañaban. Ellos le gritan una orden al elefante (algo así como “Heró!”), y éste se hunde y se zarandea, todo con la intención de ver cuántas veces son capaces de tirarte al río para acabar calados hasta la orejas.

Intentando no caernos....

Los cinco acabamos en el agua varias veces, y los guías se meaban de la risa. Cada día lavándonos los dientes con agua mineral para llegar aquí y meterte en el río de cabeza… en fin. El día fue completito, porque cuando terminó la excursión acabamos por casualidad celebrando un cumpleaños laosiano, bailando y bebiendo con algunos lugareños whisky de Laos, que es una bebida super fuerte más parecida al orujo que al whisky. Ese día acabamos cansados, pero nos lo pasamos en grande. Os ponemos otro video, este de la fiesta “laosiana”, con música en directo!

Otra de las cosas típicas que suele hacerse en Luang Prabang es bañarse en unas cascadas que hay a 30 km del pueblo. Se forman piscinas naturales de color azul turquesa espectaculares y aunque nos costó encontrarlas – no porque fuera dificil llegar a ellas, sino porque nos empeñams en buscar unas piscinas “concretas” – al final pudimos bañarnos en agua bien fresca en medio de la selva.

Al principio de la excursión a las cascadas

En las piscinas

Ese mismo día  nos pegamos un buen madrugón, levántandonos a las 5 de la mañana para ir a dar de comer a los  monjes. Una tradición de Luang Prabang que se celebra cada día a las 5:45 de la mañana y en la que los  monjes desfilan por las calles del pueblo, mientras la gente, de cuclillas o agachados, les echa comida en sus capazos.

El pueblo dando de comer a los monjes

Y para comida, los gnocchis con salsa de tomate que cenamos una noche gracias a Enrico y Agustina. Consiguieron comprar en el mercado patata y harina (no es fácil encontrar ninguno de los dos ingredientes en Laos) y sudaron lo suyo para prepararnos unos gnocchis caseros riquísimos.

Enrico y Agus, cocinando los gnocchis

Gnocchis bien caseros

En fin, que Luang Prabang nos ha encantado, y gracias a Alba, Enrico, Agus, Barbara y Betiana, la experiencia ha sido inolvidable. Gracias chicos!

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VIAJANDO POR LA COSTA DE ANDAMÁN

Escribo este post desde uno de los pocos sitios en Khao Lak con Internet que funcione bien. Pensábamos que en Tailandia ibamos a tener más facilidad para conectarnos desde los sitios dónde durmiéramos, pero nos hemos encontrado con que muchas veces el hostal no tiene Inernet, o cuando la tiene, el servicio se interrumpe, la señal es floja, etc…. Así es que a falta de Internet en el hostal, cuando pillamos un lugar con wifi montamos nuestro pequeño campamento. En este casoEn la estación de autobuses, esperando a coger otro autobús..., un restaurante (que además hace un curry buenísimo) en el que hemos desayunado, hemos comido, y posiblemente cenemos. Aquí nos apoltronamos hasta que cojamos a las 20:00 el autobús que nos deje en Bangkok a las 8 de la mañana. No es que prefiramos ver Internet a conocer Khao Lak, pero es la segunda vez que estamos en este pequeño “pueblo” de la costa oeste de Tailandia y no da para tanto. Y como he empezado por el final, quizás que vuelva al punto en el que Gabriela se fue. Nos quedamos tristes, y a la tristeza se sumó algo de apatía. Son ya 8 meses viajando, y empezamos a preferir desplazarnos menos y escoger lugares que nos atraigan para pasar varios días.

El primero de estos sitios fue la playa de Railay (tambien llamado Rai Leh), pero nos equivocamos. Fuimos con la intención de pasar varios días y aguantamos una noche. La playa en sí es preciosa, y no tanto por al agua color turquesa (que aquí en Tailandia es bastante normal), sino por los acantilados de piedra caliza que la bordean.

Playa de Railay Oeste

El problema es que quedarse en Railay es bastante caro y los viajeros con presupuesto más ajustado nos tenemos que conformar con una playita que está justo al lado, la playa de Ton Sai. Las dos playas son playas en el continente (no están en niguna isla) pero la sensación que tienes en ellas es la de estar aislado: están rodeadas de selva y montañas, sólo puedes acceder con las barcas típicas tailandesas (las long tail boat) y hay electricidad únicamente por la noche. Lo que las diferencia es que Ton Sai tiene una atmosfera más hippie, hay mucho escalador (los acantilados son espectaculares) y la playa, con la marea baja, se convierte en un barrizal lleno de mosquitos (no entiendo cómo estando una al lado de la otra les afecta de forma tan diferente la marea).

La playa de Railay West al fondo

Bueno, resumiendo, que no nos gustó, y como tampoco escalamos pues no teniamos nada que hacer allí. Además, está llena de bichos e insectos…. cuando llegamos a nuestro bungalow, Alvaro vio una serpiente entre las vigas, en el lavabo teníamos una rana blanca viviendo entre la ducha y el w.c., y para colmo las ventanas no tenían mosquitera. Yo creo que se juntó de todo un poco y posiblemnte nuestro estado de ánimo tampoco facilitó que vieramos la playa de forma más positiva. A la mañana siguiente nos largamos de vuelta a Krabi, con la idea de viajar hacia el norte, a la costa del mar de Andamán e intentar volver a repetir lo que hicimos en Australia de pasarnos varios días en un barco buceando (un “liveaboard” o “vida a bordo” en español).

Sombrillas en la playa de Khao Lak que nos gustaron

Así es como acabamos en Khao Lak, conocida por ser punto de partida hacia algunos de los mejores “sites” de buceo de Tailandia y del mundo: las islas Similan, la Richelieu Rock, Koh Bon, Koh Tachai, las islas Surin… y por ser una de las playas dónde el tsunami del 2004 mató a más personas. Te dan escalofríos cuando paseas por la playa y ves en los arboles que la bordean letreros con las fotos de familias ENTERAS que el tsunami se tragó.

Después de mucho peregrinar de centro de buceo en centro de buceo, Alvaro encontró la que parecía ser el mejor “vida a bordo”, pero no partía de Khao Lak, sino desde la isla de Koh Payam, una islita muy cerca ya de la frontera con Myanmar (Birmania). Y allí nos fuimos.

Playa de Koh Payam

Koh Payam. Si algo buscábamos en Tailandia, aquí lo hemos encontrado. Una isla super tranquila, con poquísima gente (ahora es temporada baja, pero nos han dicho que en temporada alta no hay mucha más), una playa preciosa, electricidad sólo de seis de la tarde a medianoche y por la noche una brisa que evita los mosquitos y hace el calor más llevadero. Una isla super recomendable y que merece una visita antes de que se convierta en una isla turística más de la muchas que hay en Tailandia.

El "bungalow", una tienda de campaña entre tejado y madera

Antes de embarcar en el “vida a bordo” hemos pasado en la isla tres noches, en unos bungalows (que no lo eran, ya veis la foto, una tienda de campaña metida entre tejado y madera, con el baño al lado descubierto) regentados por una familia Thai encantadora. Tres días de sol, playa, comer, jugar a las cartas (que Alvaro me ha enseñado a jugar al Guiñote) y  terminar de ver los últimos episodios de la serie 6 Feet Under (A Dos Mestros Bajo Tierra). En mi caso es la segunda vez que  la veo, pero aun así nos emocionamos los dos mucho y hemos tenido que “despedirnos” de unos personajes que nos han ido acompañando en practicamente todos los países de esta vuelta al mundo.

La familia dueña de los bungalows en Koh Payam también nos ha enseñado a cocinar Pad Thai (super facil) y colgaremos el video en cuanto podamos.

Los ingredientes del Pad Thai

La familia al completo

Y de Koh Payam al barco a bucear. Tres días buceando en el mar de Andamán, con inmersiones impresionantes: corales de todos los colores, un tiburón ballena, tortugas, morenas, serpientes de mar y mantas. Muchas mantas, GIGANTES, de 5 ó 6 metros de ancho, que “bailan” curiosas a tu alrededor. ¡¡Alucinante!!

En el vida a bordo aprovechamos y nos sacamos el “Advanced Open Water” y hemos conocido a Sara, una española super maja, coordinadora y dive master del viaje, que un buen día dejó el trabajo y se fue a la “aventura”. Y aquí está, super feliz, trabajando en una de las cosas que más le gustan. ¡Qué envidia! Después de tres días buceando (y menudos buceos!) sólo queremos bucear más….

Y así es como hemos acabado en Khao Lak por segunda vez, porque el barco en el que nos hemos pasado tres días buceando, nos dejó aquí ayer por la tarde…

Con Sara, en el barco, entre buceo y buceo...

Con Sara y Oyster, a punto de echarnos al agua

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DE PLAYAS, CAMPING, SURF Y CANGUROS (Y SUS CACAS)

Perth, la ciudad más aislada del mundo. Ninguna otra urbe, comparable en tamaño y población, está a menos de 3500 kilómetros. Es sólo algo curioso, porque en realidad el aislamiento no lo percibes más que cuando te bajas del avión y te someten a los mismos controles de cuarentena que hay al llegar a Nueva Zelanda o Australia (o sea, nada de comida, nada de fruta o verdura fresca, y cuidado con llevar barro en la suela de los  zapatos).

alvaro saltando en el jardín de los Smedley

En Perth hemos vuelto a hacer HomeExchange (el 4º y último en Australia!) pero esta vez con la familia dentro. La família Smedley nos ha abierto las puertas de su casa de par en par y nos han tratado como a sus propios hijos (que tienen tres y los tres super agradables y educados). Han sido muy cariñosos con nosotros y nos han integrado en algunas de las actividades que hacen con sus amigos: cine al aire libre, cena thai, barbacoa…

bbq en casa Smedley

Da gusto, después de pasarte casi 7 meses viajando, sentirte, aunque sea poco tiempo, parte de una familia. Vivir con ellos además nos ha dado una visión más profunda del lugar que visitas y te descubre cosas que como viajero pueden pasar inadvertidas … por ejemplo: lo asumido que tienen el cuidar el medio ambiente o lo presente que está el mar en las vidas de los niños (desde muy pequeños hacen cursos de surf, salvamento en el mar, etc.).

Los Smedley, además de alojarnos en su casa, nos han dejado su coche para viajar por el sur de Perth. Así es que con su todo terreno y la tienda de campaña de sus vecinos nos hemos bajado a recorrer el sudoeste australiano.

leeuwin

La primera acampada en Margaret River, una zona vinícola y de surf con playas espectaculares (y olas igual de espectaculares) como las de Conto o Redgate. La segunda, en Denmark, un pueblecito ya en la costa sur, con playas más aptas para principiantes como nosotros dónde hemos acabado molidos y con agujetas en todo el cuerpo.

En la playa de Gracetown, al lado de Margaret River

La playita de Denmark

En el camping de Denmark la experiencia ha sido muy australiana, porque todas las noches, mientras estábamos cenando (y viendo alguna peli que nos alquilamos en el video club del pueblo) nos rodeaban kanguros que se comían el cesped (y también lo cagaban, que nos pueden parecer muy exóticos, pero cagan como las ovejas, todo lleno de bolitas).

volver

Los kanguros del camping de Denmark - Ocean Beach

Y si al cenar nos acompañaban los kanguros, al despertar, lo haciamos al son de los “berridos” de los cuervos, que más que pajaros parecen bebés llorando como salvajes. El despertar es casi tan malo como el despertar con los gallos de centroamerica, aunque los gallos joden más porque empiezan a “cantar” más pronto. Por cierto, la cena, cuando acampas, es a las 6 (mas o menos), porque al no tener electricidad te adaptas al ritmo del sol, y si a las 6:30 ya es completamente de noche, a las 8 de la tarde ya estás durmiendo a pierna suelta. Hemos colgado un video por si queréis ver a los kanguros, verme sin barba, o escuchar a los cuervos (que al final del video se les puede escuchar un poco).

Una de las grandes ventajas que tiene viajar con tiempo es que descubres lugares que cuando vas con los días contados ni te planteas conocer. Digo esto porque lo normal cuando vienes a Australia es conocer Sydney, la costa este, Melbourne, la barrera de coral….pero pocas veces la gente se plantea pasar a la costa oeste. Nosotros hemos quedado encantados con lo que hemos conocido viajando por el sudoeste australiano. Es una costa bañada por el oceano índico con playas vírgenes y desiertas, con carreteras que parecen terminar en el mar….

carretera al mar

Te das cuenta de lo inmenso que es este país y de lo mucho que hay que ver. Suficiente para volver :-)

kangaroo sign

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