Al poco de llegar a Tokio conocimos a Yuya, un japonés muy majo que nos contó que había estado 3 meses viajando por Europa. Cuando le preguntamos si había ido a España, nos dijo que ahora se arrepentía de no haberlo hecho, pero que cuando tuvo la oportunidad, otros japoneses le disuadieron de la idea. Le dijeron que los españoles tenemos la percepción generalizada de que los asiáticos son medio idiotas y en muchos ocasiones tratamos de engañarlos y que por tanto era mucho más seguro ir en grupo organizado. Qué vergüenza me dio escucharlo y saber que en el fondo algo de razón tenía, me acordé de las veces en que yo mismo he visto japoneses en grupo haciendo fotos como locos y he pensado algo parecido.
Aunque sólo he estado en Japón unos días, creo que entiendo un poco más a los japoneses y me ha cambiado totalmente la visión que tenía de ellos, de hecho es cierta admiración la que les tengo, ha sido una de las mejores experiencias de esta vuelta al mundo. Sólo a modo de ejemplo, algunas cosas que me han sorprendido mucho de Japón y de los japoneses y que me han ayudado a entender el choque cultural que pueden encontrarse al llegar a España:
- Civismo, respeto y educación se encuentran hasta en el rincón más cutre de toda la ciudad (si es que lo encuentras), ejemplos cómo que absolutamente nadie sube al vagón del metro hasta que primero han salido todos los que querían bajar o que puedes pasear por medio de Tokio vestido de gótica o con un pepino en la cabeza y que nadie se sorprende ni escandaliza. Es impresionante ver una ciudad con más de 12 millones de habitantes en la que no hay gritos, empujones, ni bocinazos, se respira respeto y buenos modales allá donde vas.
- Es absolutamente segura, hasta el punto de que hay gente que deja su coche abierto con bolsas dentro mientras come o hace algún recado. No tienen cámaras de vigilancia en las tiendas, ni alarmas ni vigilante privado. Encima de las mesas de cualquier terraza, los móviles de última generación campan tranquilamente, los bolsazos de marca olvidados en el suelo o colgados por detrás de las sillas, por descontado.

- Prácticamente la mayoría de las calles tienen un carril con una baldosa distinta y más rugosa, diseñada para que los ciegos puedan caminar sobre ella y orientarse.
- Ser cliente es todo una experiencia, tanto en un restaurante, una tienda o un simple seven-eleven, la atención es siempre con la mejor de las sonrisas, te saludan y dan las gracias al menos 5 veces antes de irte o te ayudan en todo lo que está en sus manos y más. No sé si alguien está descontento con su trabajo, pero si es así, en ningún caso te lo hacen notar, hasta la muchacha que limpiaba nuestros hostal, lo hacía sonriendo y saludando al pasar.
- Aunque muchos japoneses no hablen ingles, si necesitas algo y preguntas a cualquiera en la calle por una dirección, se desviven por ayudarte y entenderte. Además como les gusta tanto la tecnología, enseguida te
sacan el iphone y te encuentran cualquier sitio en un periquete. - Esta todo limpio como la patena, pero algo exagerado… ni tan si quiera encuentras los típicos grafitis de cualquier gran ciudad. Los wc todos electrónicos, de esos que le das a un botón y te limpia el culito con un puntero chorrito de agua y la tapa siempre se mantiene a la temperatura corporal.
Con ejemplos como estos se puede entender por qué los japoneses en España anden algo despistados o aturdidos y por qué a los españoles nos parece un viaje a Japón como gloria bendita, de hecho nos hemos encontrado a muchos paisanos por aquí, debe de ser el destino de moda.


Y si los primeros días en Tokio lo pasamos bien, los últimos fueron geniales. Con nuestro mapita de metro nos hemos meneado por la city como auténticos tokiotas, hemos disfrutado de algunas de las mejores comidas de todo el viaje y además en muy buena compañía:
Yuya se ofreció a hacernos de guía una tarde por las calles de Shinjuku, una zona llena de gente joven, neones, bares, karaokes y edificios llenos de restaurantes, donde puedes ir a cenar por ejemplo al sitio de sushi del 6º, o al de ramen del 8º. Nos fuimos a uno donde había brochetas de todos los sabores y nos pusimos las botas. Después subimos a lo alto de un edificio donde disfrutamos de unas vistas espectaculares de todo Tokio.
El día siguiente por la mañana quedamos con Oriol y Silvia, amigos
de Barcelona que justo venían de vacaciones a Japón y que nos trajeron de España el mejor de los regalos: jamón, lomo embuchado y un fuet!!! Qué rico chicos! Ya nos los hemos zampado todo, muchísimas gracias!
La tarde la pasamos con Mari, la amiga japonesa de Miguel, que nos llevóa un a de las zonas más peculiares, sorprendentes y llamativas de toda Tokio: Akihabara. Es un barrio lleno de tiendas de electrónica, video-juegos, manga, videos eróticos de jovencitas y todo esas cosas frikis que gustan tanto aquí en Japón. En mi vida había visto tanto cacharro electrónico, algunos aparatos no sabía ni que ya se hubiesen inventado. Pero lo más divertido fue ir a un “maid coffee”, un bar ambientado como si estuvieras dentro de unos dibujos animados y donde las camareras son niñas jovencitas vestidas de chachas sexys que cuando te sirven el café te cantan una especie de poema que sirve para dar amor a las bebidas y que sepan mejor….una locura.
Y de Tokio volvimos a Hong Kong, y aquí hemos estado de maravilla otra vez, en plan ruta gastronómica con Tyler por distintos restaurantes de varias nacionalidades: coreano, chino, vietnamita…la gran mezcla de culturas que encuentras es uno de los mayores atractivos de la ciudad, que es algo así como una hija bien parida del capitalismo en medio de China y una de las más cosmopolitas de todo Asia. Es una gozada caminar por sus calles donde se mezclan los mercados y tiendas chinas más tradicionales con enormes rascacielos y los más modernos shoppings.
Si alguno de los lectores del blog va a venir a Hong Kon próximamente, aquí va el link de nuestro restaurante vietnamita preferido, una auténtica delicia y además muy baratito: www.nhatrang.com.hk
Y por último, aunque no somos futboleros, nos hemos hecho a la fuerza, porque es imposible hablar con alguien y que no te recuerde que España va a la final y mucha suerte y esas cosas….así que nada, esperamos que ganen!!






Desde un skyline precioso con espectáculo de música incluído, a las vistas desde The Peak (un monte que hay dentro de la ciudad) todo en Hong Kong nos ha encantado.












Nosotros, lo mejor de Filipinas lo hemos vivido en el fondo del mar. Hemos podido bucear en todas las islas donde hemos estado y además a muy buen precio. Como resumen de todo lo que hemos visto y para no aburrir con el tema del buceo diré que nos encantaron las inmersiones en Apo Island con una visibilidad de más de 25 metros, que conseguimos ver el famoso tiburón zorro y que yo me acojoné bastante al verlo (media unos 4 metros de largo). Una experiencia alucinante fue bucear en la Isla Pescador entre bancos de cientos (o quizás miles) de sardinas…son muy brillantes y cuando estás en medio es como estar rodeado de lucecitas pequeñas que se mueven en la misma dirección, como un viaje por el espacio en las películas de ciencia ficción.
gallos, son muy populares, y mucha gente tiene en su corral gallos bien hermosos a los que cuidan y dan de comer con esmero con el fin de prepararlos para las peleas. No fuimos a ver ninguna porque nos daba un poco de yuyu. También el hecho de que muchos señores llevan las uñas largas y muy bien arregladas, algunos incluso pintadas con llamativos colores.
Debe ser algo bastante frecuente en los viajes largos, en los que la mente, “libre”del estrés del día a día y lejos de todo lo que representa, se entretiene en pensar cualquier cosa. Sobretodo sucede cuando viajas (o sea, desplazándome de un sitio a otro) porque son horas y horas, metidos en barcos, trenes, estaciones de buses, esperando en puertas de embarque, viajes eternos en autobuses nocturnos…. escuchando música (o no) y viéndolo todo pasar delante de ti….




Siem Riap (Camboya), nos despiertan a las 4 de la mañana desde la recepción de la Guesthouse, nos quitamos la legaña y bajamos lo antes posible. Allí nos espera el personal del hotel con nuestro desayuno en 4 paquetitos y 4 bicicletas listas para pedalear en la oscuridad hasta Angkor Wat y así poder ver el amanecer desde uno de sus templos: Bayon.
completamente en ruinas y en su mayor parte devorado por la naturaleza, es impresionante ver como han crecido los árboles entre sus paredes. En él se rodó Tom Rider, película que no he visto pero si que recuerdo algún trailer con la buenorra de Angelina Jolie dando saltos entre sus piedras.
El templo Bayon tiene esculpidas en piedra 216 gigantes caras del egocéntrico emperador Jayavarman VII mirando hacia todos los lados. Está muy bien restaurado gracias a la ayuda de los japoneses, no puedo decir lo mismo de otros templos restaurados por chinos que no tuvieron la misma suerte y el resultado se veía bastante más chapucero.
Un día nos fuimos los cuatro a hacer un curso de cocina, habíamos probado varias veces un plato muy típico de la comida Jemer llamado “Amok de pescado” y estábamos deseando aprender a cocinarlo y poder sorprender algún día a nuestros amigos y familiares con una deliciosa cena Camboyana. Lo pasamos bien durante toda la mañana, primero yendo al mercado, luego cocinando y preparando varios platos. A pesar de nuestros esfuerzos, el Amok nos salió bastante mal, ni se parecía al que habíamos probado en los restaurantes, sin embargo hice unos rollitos de verduras y cerdo que me salieron bastante ricos.

Con el recuerdo de los niños, la sensación de haber visitado uno de los países con la gente más cálida, buena y sencilla del viaje y con la espalda relajada gracias a lo bien que dormíamos en nuestro pequeño paraíso de Guesthouse, dejamos Camboya y también nuestros queridos compañeros de viaje Alba y Enrico, que se quedaban más tiempo en el país y se aventuraban en un trekking por las montañas. En unas dos horas nos plantamos volando en Kuala Lumpur, ¡que gusto volver a viajar en avión! Nada más desembarcar nos encontramos en un aeropuerto reluciente lleno de anuncios de Samsung, Nokia, McDonald´s, KFC, etc….todas esas cosas de la globalización que casi habíamos olvidado. Podrías
pensar que has llegado a cualquier ciudad europea o norteamericana sino fuera por un detalle: la inmensa mayoría de las mujeres llevan velo y muchas de ellas (no la mayoría) van tapadas de negro hasta las orejas y caminan detrás del marido como auténticas esclavas. Esto nos ha sorprendido bastante – quizás porque es el primer país árabe que visitamos en el viaje- pero no puedes sino sentir lástima por ellas… no las ves hablando con nadie, no se les ve la sonrisa , ni ningún tipo de expresión en la cara, incluso se toman el café por debajo del velo….están completamente anuladas.
imitación y el de Little India con cuatro bares de curry, el resto de la ciudad son edificios de oficinas y centros comerciales. Para el que venga con pasta y ganas de comprar, aquí encontrará los “Shopping” más grandes, lujosos y ostentosos que se pueda imaginar. Nosotros con nuestro presupuesto ajustado y sin ganas de comprar algo inútil que nos pese en la mochila, dejamos esta ciudad en dos días con la sensación de que si no volvíamos nunca, tampoco pasaba nada.
Pero antes de partir, hicimos la visita obligada a las torres Petronas, propiedad de la compañía petrolífera malasia. Antes de subir te enchufan un video en el que te explican lo maravillosa que es la empresa y en todo lo bueno que hace para la comunidad….por momentos puedes pensar que son las torres de una “charity” y no de una petrolera. Visto el video, subes por el ascensor al corredor que hay entre ambas torres, más o menos en el piso 40, y te quedas con las ganas de subir hasta arriba (tiene más de 80 pisos).
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