Siem Riap (Camboya), nos despiertan a las 4 de la mañana desde la recepción de la Guesthouse, nos quitamos la legaña y bajamos lo antes posible. Allí nos espera el personal del hotel con nuestro desayuno en 4 paquetitos y 4 bicicletas listas para pedalear en la oscuridad hasta Angkor Wat y así poder ver el amanecer desde uno de sus templos: Bayon.
Casi sin aliento, una hora más tarde conseguimos llegar y totalmente preparados con cámara en mano para hacer “la foto” del viaje, el día amaneció completamente nublado y no vimos ni un rayo de sol. Un poco de chasco después de semejante madrugón, pero a pesar de esto, Angkor Wat es simplemente espectacular y disfrutamos durante 3 días recorriendo la mayoría de sus templos en bicicleta.
El primer día comenzamos con el templo de Ta Prohm, que está
completamente en ruinas y en su mayor parte devorado por la naturaleza, es impresionante ver como han crecido los árboles entre sus paredes. En él se rodó Tom Rider, película que no he visto pero si que recuerdo algún trailer con la buenorra de Angelina Jolie dando saltos entre sus piedras.

El templo Bayon tiene esculpidas en piedra 216 gigantes caras del egocéntrico emperador Jayavarman VII mirando hacia todos los lados. Está muy bien restaurado gracias a la ayuda de los japoneses, no puedo decir lo mismo de otros templos restaurados por chinos que no tuvieron la misma suerte y el resultado se veía bastante más chapucero.
Dejamos para el último día Ankor Wat , que fue declarado una de las 8 maravillas del mundo y que desde su construcción en el siglo XII nunca ha dejado de usarse como lugar de oración y se mantiene casi al 100% en pie.

En Siem Riap, además de templos, también disfrutamos de algunos pequeños lujos en la MotherHome Guesthouse, un sitio que descubrimos gracias a los buenos reviews de Tripadvisor y donde estuvimos como reyes durante 5 días. Por unos 14 € (7 cada uno) teníamos una habitación nueva y reluciente que nos arreglaban cada día, con aire acondicionado y baño impoluto, un desayuno buffet que nos daba fuerzas para toda la mañana, Internet, bicicletas gratis, servicio de pick up y ¡hasta un masaje gratis por estancia! Por si esto fuera poco, cuando volvíamos de cualquier paseo, su personal de sonrisa incansable nos esperaba en la puerta con una toallita fresca para quitarnos el sudor. Vaya,¡ que así da gusto ser mochilero! y es que (aunque podría pensarse que es al contrario) conforme pasan los meses, más señoritos nos estamos volviendo. Aunque cuando más nos hemos dado cuenta del chollo que teníamos en Siem Riap, ha sido días más tarde al llegar a Kuala Lumpur – ciudad de la que hablaré más tarde – y encontrarnos en un zulo sin ventana, sin baño y sin nada de lo que antes he enumerado por casi el doble de precio.
Un día nos fuimos los cuatro a hacer un curso de cocina, habíamos probado varias veces un plato muy típico de la comida Jemer llamado “Amok de pescado” y estábamos deseando aprender a cocinarlo y poder sorprender algún día a nuestros amigos y familiares con una deliciosa cena Camboyana. Lo pasamos bien durante toda la mañana, primero yendo al mercado, luego cocinando y preparando varios platos. A pesar de nuestros esfuerzos, el Amok nos salió bastante mal, ni se parecía al que habíamos probado en los restaurantes, sin embargo hice unos rollitos de verduras y cerdo que me salieron bastante ricos.
Acodo es el nombre de un orfanato que fuimos a visitar gracias a las recomendaciones de nuestros amigos sevillanos Pablo y Elena, que estuvieron allí el año pasado y recolectaron a través de su blog una importante suma de dinero para ellos.
No teníamos muy claro si queríamos donar dinero, así que nos fuimos al mercado a comprar arroz ya que en su web dice que la comida es bienvenida y que necesitan unos 50kg de arroz diarios. No habíamos pensado en la logística y nos costó un poco llegar hasta el lugar con las bicicletas y todo el arroz repartido en varias bolsas.
Una vez allí nos explicaron como funcionaban , lo que hacían, lo que aprendían, lo que necesitaban…..resumiendo, era un grupo de unos 50 niños sin padres o abandonados por ellos que no tenían absolutamente nada ni a nadie en este mundo. Las instalaciones eran muy humildes, dormían en unas colchonetas encima de un escenario donde hacían bailes y cantos para los turistas que de vez en cuando nos acercábamos por allí. También tenían un par de aulas donde tomaban clases de inglés gracias a algún que otro voluntario que solían tener en el centro.
Hicieron una actuación con danzas típicas Jemeres y después estuvimos jugando con ellos, eran muy cariñosos y algunos de ellos podían tener una conversación en ingles más o menos fluida. Te abrazan, te preguntan cosas, te piden que juegues con ellos y que vuelvas a verlos. Hablando con una de las voluntarias – una señora australiana que había dejado su trabajo en Byron Bay y llevaba allí tres meses viviendo y cuidando de los niños – nos comentaba que en los últimos tres días no había ido ningún turista, así que no habían podido recolectar dinero ni comida y no tenían absolutamente nada. Fue ella misma quien había donado algo de dinero para poder comer ese mismo día.
Con el corazón en un puño, los cuatro donamos el dinero que llevábamos encima pero con la sensación de no dar nada y estar dejando allí abandonados a todos esos pequeños que nos preguntaban si íbamos volver…. En fin, que al día siguiente teníamos el vuelo a Malasia y aunque nosotros no hemos hecho ninguna recolecta para ellos, os pasamos su web por si alguien quiere colaborar o por si queréis visitarlos un día. A nosotros nos dio la sensación de que la organización era honesta y de que lo que se aporta es para los niños, que falta les hace.

Con el recuerdo de los niños, la sensación de haber visitado uno de los países con la gente más cálida, buena y sencilla del viaje y con la espalda relajada gracias a lo bien que dormíamos en nuestro pequeño paraíso de Guesthouse, dejamos Camboya y también nuestros queridos compañeros de viaje Alba y Enrico, que se quedaban más tiempo en el país y se aventuraban en un trekking por las montañas. En unas dos horas nos plantamos volando en Kuala Lumpur, ¡que gusto volver a viajar en avión! Nada más desembarcar nos encontramos en un aeropuerto reluciente lleno de anuncios de Samsung, Nokia, McDonald´s, KFC, etc….todas esas cosas de la globalización que casi habíamos olvidado. Podrías
pensar que has llegado a cualquier ciudad europea o norteamericana sino fuera por un detalle: la inmensa mayoría de las mujeres llevan velo y muchas de ellas (no la mayoría) van tapadas de negro hasta las orejas y caminan detrás del marido como auténticas esclavas. Esto nos ha sorprendido bastante – quizás porque es el primer país árabe que visitamos en el viaje- pero no puedes sino sentir lástima por ellas… no las ves hablando con nadie, no se les ve la sonrisa , ni ningún tipo de expresión en la cara, incluso se toman el café por debajo del velo….están completamente anuladas.
En Kuala Lumpur está el barrio de China Town lleno tiendas con trastos de
imitación y el de Little India con cuatro bares de curry, el resto de la ciudad son edificios de oficinas y centros comerciales. Para el que venga con pasta y ganas de comprar, aquí encontrará los “Shopping” más grandes, lujosos y ostentosos que se pueda imaginar. Nosotros con nuestro presupuesto ajustado y sin ganas de comprar algo inútil que nos pese en la mochila, dejamos esta ciudad en dos días con la sensación de que si no volvíamos nunca, tampoco pasaba nada.
Pero antes de partir, hicimos la visita obligada a las torres Petronas, propiedad de la compañía petrolífera malasia. Antes de subir te enchufan un video en el que te explican lo maravillosa que es la empresa y en todo lo bueno que hace para la comunidad….por momentos puedes pensar que son las torres de una “charity” y no de una petrolera. Visto el video, subes por el ascensor al corredor que hay entre ambas torres, más o menos en el piso 40, y te quedas con las ganas de subir hasta arriba (tiene más de 80 pisos).
Estos últimos días los hemos pasado algo desconectados en las islas Perhenthias, en el noreste del país. Unas islas muy bonitas, llenas de cocoteros, arena blanca, chiringuitos de madera y posibilidad de relajarte unos días sin hacer nada.
También hemos estado buceando, y aunque no han sido las inmersiones tan buenas como en Tailandia, si que hemos visto alguna tortuga, un par de tiburones y un barco hundido lleno de barracudas y erizos de mar.
Algo curioso de la isla, es que conocimos a un montón de españoles, unos de vacaciones forzosas (en el paro) y otros trabajando en un centro de buceo, donde un día revisando las revistas, encontramos el “Pronto” y un “10 minutos”, y cómo disfrutamos leyendo después de tantos meses sin saber de ningún cotilleo casposo.

Últimos comentarios