Después de tres meses y medio viajando, que sea la primera, tiene mérito. Y seguro que la lluvia tuvo mucho que ver (todos los días que hemos
pasado en el caribe costarricense no ha parado de llover). El día anterior dejamos Bocas del Toro (Panamá) con rumbo a Puerto Viejo (Costa Rica), dónde llegamos 5 horas más tarde y habiendo atravesado la frontera de Sixaola. La frontera de Sixaola, además de ser un chiste, tiene la “aventura” añadida de que tienes que cruzar un puente destartalado con unos agujeros inmensos…. cualquier tropiezo o despiste puede suponer que te caigas al río (con la mochila, la tabla de surf, la maleta, etc.). Solo faltan unos cocodrilos abajo esperándote, y entonces habría sido la bomba (pero cocodrilos no había).

El día de la pelea nos habíamos alquilado unas bicicletas para ir a al Refugio de Vida Silvestre de Manzanillo, y en el camino, por una tontería (que si la foto que me has hecho es una porquería…pues hazlas tu…. a ver si me
haces una foto buena…), nos enviamos a la mierda. Total, que el trayecto lo hicimos cada uno por nuestra cuenta, calándonos hasta las cejas, y de Manzanillo vi lo que tardé en llegar y darme la vuelta con la bici. Lo bueno que tiene pelearte en un pueblo pequeño como Puerto Viejo, con cuatro calles y tres cosas que hacer (ir a Manzanillo, ir a la reserva de Cahuita, o ir a la playa) es que invita a la reconciliación, porque tarde o temprano te encuentras. La nuestra fue al día siguiente en la parada de bus a Cahuita, dónde quisimos ir por separado, pero al final hicimos las paces. A pesar de la pelea y a pesar de la lluvia, Puerto Viejo, Manzanillo y Cahuita nos han gustado mucho.

Del Caribe nos hemos venido a San José, escapando de la lluvia y dónde hemos aprovechado para visitar la ciudad y hacer algunas compras (souvenirs, regalos
navideños…). Viniendo del caribe, llegar a una ciudad puede estresar, pero hemos tenido la fortuna de alojarnos en un “hotel boutique” que es un osais de tranquilidad dentro de San José (de ahí su nombre, Colours Oasis Resort). Es un hotel orientado al público gay, de arquitectura típica española, y con una piscina y jacuzzi en medio de un jardín tropical. El personal es super atento y el desayuno fantástico. Si os apetece conocerlo, aquí os pasamos el link

Terminamos aquí Centro América, después de tres meses y medio y seis países (Mexico, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Panamá y Costa Rica). El siguiente post será ya después de Navidad, pasando frío en Washington D.C. y contentos de conocer por fin a Clara. ¡Feliz Navidad a todos!
Estábamos en Dominical (Costa Rica) tirados en la playa contemplando una puesta de sol impresionante. Super relajados. Con ese relax que sólo tienes cuando estás de vacaciones… y de repente, me vino a la cabeza… en 20 días teníamos que estar en Washington DC, y todavía queríamos conocer la otra mitad de Costa Rica y Panamá… Así pasamos de un relax total al “estrés” de volvernos a poner en ruta directamente hacia la ciudad de Panamá.





Un vehículo 4×4, un buen seguro de asistencia en carretera y experiencia en la conducción sobre caminos complicados son algunas de las recomendaciones que hace Lonely Planet en el caso de que se quiera recorrer la península de Nicoya tomando la ruta costera. Lo malo fue leerlo después y no antes de haberlo hecho y darnos cuenta de que no cumplíamos ni uno solo de los requisitos. Fue un día cargadito de aventuras, desventuras, risas y muchos nervios : cruzando por ríos por los que no sabíamos si pasaría el coche, atascados en barrizales, empujando el coche por cuestas por las que no subía, perdidos una y otra vez por los caminos y preguntando a la gente…..como resultado, tardamos más de 12 horas en recorrer unos 70km. En este video podéis ver algún capítulo de la peripecia, aunque los momentos más críticos no están grabados ya que nuestra esfuerzo y energía estaba en el camino y no en la cámara.

Rica ha supuesto pasar de gastar 15 euros al día a que sean 40, aunque tengo que decir que estamos disfrutando mucho de este país y que los ticos son gente encantadora y muy hospitalaria.





El surf mejora poco a poco. Es difícil, pero nos hemos comprado una tabla de segunda mano por 60 dólares para poder practicar cada día. Esta hecha polvo, pero si pagábamos 20 dólares cada vez que alquilábamos una, nos sale a cuenta. La segunda noche en Tamarindo fuimos a ver el desove de las tortugas baula, una pedazo de tortuga de casi dos metros de largo. Vas a verlas por la noche (bueno, a partir de las 9) y aunque sólo vimos a una (cada vez hay menos) y la experiencia es impresionante, te sientes un poco intruso… eso de que 18 turistas rodeen a una tortuga mientras pone huevos… es como ser parte de un ritual en el que no deberíamos estar. Quizás por eso, y por muchas otras cosas, es una especie en peligro de extinción.

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