Después de la paz y tranquilidad que se respiraba en Luang Prabang, nos plantamos en Vang Vieng, y cual fue nuestra sorpresa al encontrar el pueblo lleno de guiris en bañador y bikini por el centro de sus calles bebiendo cubatas en tarros grandes de plástico llamados “buckets”. En las cartas de los ruidosos bares, restaurantes y discos encuentras marihuana, setas alucinógenas y opio, y sus rubias y gritonas relaciones públicas tienen escritas en el barrigón las palabras “Cheap Beer”. Y allí estábamos Alba, Enrico, Miguel y yo sin poder creer que estuviéramos en el mismo Laos comunista, conservador y religioso al que acabábamos de llegar hacía unos días.
A pesar de semejante panorama para un par de treintañeros sin ganas de colocarse ni de volver al hostal bailando la conga, tengo que decir que el entorno natural del lugar es precioso, con increíbles acantilados, cuevas y ríos, así que decidimos hacer una excursión para visitar unas cavernas y bajar en kayak por el río Nam Song. Pasamos un día estupendo remando río abajo y cuando íbamos llegando al pueblo, nos encontramos con más bares en las orillas al estilo Bora-Bora Ibiza (para quien no lo conoce, el sitio más cutre y garrulo de la isla balear). Aquí va un pequeño video para que os hagáis una idea de cómo era, por cierto, el que se tira por la cuerda es Miguel, que aunque la fiesta no iba con nosotros, el columpio fue muy tentador.
Alba y Enrico son la pareja que conocimos en Chiang Rai (Tailandia) y con ellos hemos estado viajando los últimos 20 días. Lo pasamos bien juntos y nos ponemos de acuerdo para buscar alojamiento, hacer excursiones, regatear con los tuc-tuqueros y elegir los sitios dónde comer. Seguiremos juntos hasta que lleguemos a Siem Riap (Camboya) y después ellos se irán a Vietnam y nosotros hemos cambiado los planes y nos vamos a Malasia, donde nos han dicho que hay lugares para bucear espectaculares.


Dejamos Vang Vieng y llegamos bastante cansados a Vientiane, la capital del país. No facilitó las cosas el hecho de que no encontrábamos un sitio decente y a un precio razonable donde quedarnos a dormir. Al final se nos hacía de noche y desistimos la búsqueda quedándonos en un hostal bastante guarrillo y nada barato, así que allí estaba yo con la raqueta mata-mosquitos dando zarpazos y Miguel con la linterna buscando chinches en la cama. A la mañana siguiente nos metimos en plan burbuja en una reluciente bakery escandinava a desayunar disfrutando de su aire acondicionado y sus ricos croissants, baguettes y capuchinos. En nuestra corta visita a Vientiane aprovechamos para ir a ver el Buddha Park, que como su nombre dice, es un parque lleno de buddhas.

El trayecto desde Vientiane hacia el sur del país fueron nada menos que 11 horas, pero hasta ahora uno de los más divertidos de nuestra vuelta al mundo. Viajamos en un “sleeping bus”, un autobús de los grandes que en vez de tener asientos, tiene literas. Son algo pequeñas, pero bastante cómodas y suficientes para el tamaño medio de los laosianos. Nosotros como éramos cuatro nos dieron las plazas del final del todo, era una gran colchoneta con almohadas y mantas, nos sirvieron la cena y nos dormimos escuchando a Alba contar historias para no dormir sobre su curro como enfermera en el Clínico de Barcelona.

Nuestro próximo destino era Si Phan Don, también conocido como las 4.000 islas. Un archipiélago que se forma en un punto dónde el río Mekong se ensancha ya casi en la frontera con Camboya. La mayoría de islas están sin habitar pero en al menos tres viven algunos agricultores y pescadores y también puedes encontrar unas cuantos hostales dónde dormir. Nosotros elegimos la isla Don Khon, es un buen lugar para conocer el estilo de vida rural y humilde del sur de Laos, muy muy tranquilo…sin coches, ni carreteras, ni ruidos (excepto el de los gallos a las 5 de la mañana) y sus habitantes son amables y muy sonrientes….sobretodo los niños, que te saludan y gritan “Sabaidiiiiii”(hola!) cuando pasas a su lado… entran ganas de llevarte un par en la mochila para España.


Un día fuimos al otro lado de la isla a ver unas cataratas que aparecían en la guía. En un pequeño negocio familiar alquilamos unas bicicletas por 10.000kips (un euro) al día, sin embargo a mitad de camino nos encontramos unos funcionarios del partido comunista que nos exigían 20.000kips (dos euros!!) para poder cruzar la calle. Nos pareció un precio desorbitado y además injusto, así que salió nuestra vena catalana – la de Alba y Miguel de nacimiento, la mía por adopción – y nos dimos media vuelta para no
tener que pagar dicho importe. Habíamos visto un mapa de la isla y creíamos que era posible llegar a las cataratas por otro camino más largo, así que empezamos a pedalear y después de dos horas conseguimos llegar.
Tras un bañito en el río y una deliciosa comida en el restaurante de una señora laosiana muy moderna y simpática que hablaba inglés perfectamente, emprendimos el camino de vuelta y según la recomendación de la dueña del restaurante hicimos el camino más
corto y atajamos el puesto de los funcionarios cruzando con las bicicletas por unos campos de arroz…. ¡lo que se puede llegar a hacer para ahorrar dos euros!
Nuestro próximo destino: Camboya con ganas de ver Angkor Wat y Battamban y de empaparnos un poco de la espeluznante y reciente historia del país.















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