BIEN ACOMPAÑADOS EN LUANG PRABANG

Luang Prabang. El tiempo parece detenerse en esta pequeña ciudad colonial a orillas del Mekong. Todo aquí sigue un ritmo tranquilo y relajado, dónde puedes pasear por sus calles y admirar la mezcla entre el oriente y occidente de hace décadas. Edificios coloniales franceses junto a templos budistas centenarios.

Casa colonial en Luang Prabang, con coche incluído

Sin tráfico, poco ruido, calor y humedad… una ciudad con mucho encanto y algo mágica. Muchos vienen para unos días y se acaban quedando semanas. Es turística – es la ciudad más visitada de Laos – pero eso no le resta atractivo al lugar. Lo más bonito que he visto en Asia desde que hemos llegado. De nuestros paseos en bici hemos montado un video, para que os hagàis una idea de cómo es.

Llegar a Luang Prabang ha sido otro cantar. Lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar la frontera entre Tailandia y Laos, lo que implica tener que cruzar el Mekong (es la frontera entre ambos países) y una vez en Laos, coges un barco lento que durante dos días navega río abajo hasta dejarte en Luang Prabang. El viaje, que puede sonar muy romántico por eso de que navegas por el Mekong y estás en Asía, es un auténtico coñazo.

Con Alba y Enrico, ya en Laos, a punto de coger el barco lento

Te meten en un barco con otros cien mochileros, sentados en bancos de madera, dónde casi no te caben ni las piernas, asándote de calor,  y el ruido del motor taladrándote los oidos y obligándote a hablar a gritos. Una pesadilla que te toca vivirla por partida doble, porque si el primer día no has tenido suficiente, después de pasar la noche en un pequeño pueblo a medio camino, al día siguiente te toca volver a sufrirla.

Hacinados en el barco 8 horas

Otra del barquito, todos bien pegados

El segundo día tuvimos suerte porque gracias a Alba y Enrico, una pareja que conocimos en Chiang Rai, (y con los que decidimos cruzar la frontera juntos) pudimos hacer el viaje en “primera clase”: dos filas de asientos que en lugar de ser bancos de madera son asientos arrancados de una furgoneta y taladrados en el barco. Todo un lujo en esas circunstancias. Menos mal que al fnal llegas a Luang Prabang y todo lo malo del viaje se te acaba olvidando.

Además de Alba y Enrico, en el viaje también conocimos a tres chicas argentinas, Agustina, Barbara, y Betiana. Los 7, que nos pillamos bastante buen rollo, hemos pasado juntos gran parte del tiempo en Luang Prabang.

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Un día nos animamos a hacer una excursión a un pueblito cerca, a pasar el día con elefantes y bañarlos en el Mekong. La cosa consiste primero en dar una vuelta por la selva, sentados en el elefante en una especie de banco-sillín de madera que le ponen encima. Terminada la vuelta, llega el baño en el Mekong, y para esto, te tienes que montar en el elefante a pelo, sin silla ni nada. Por cierto, no os imagineis una hilera de elefantes bajando al Mekong, porque elefantes había dos, y guiris eramos cinco, las tres chicas montadas encima de uno, y Alvaro y yo encima del otro.

Cuando empiezas a bajar no tardas mucho en darte cuenta de que llegar hasta el río va a ser un ejercicio de fuerza y equilibrio impresionante. Al ser la bajada bastante pronunciada, como no eches el cuerpo hacia atrás y te agarres bien fuerte, corres el riego de salir disparado por encima de la cabeza del elefante y ser el primero en llegar, rodando, al río. Así que ahí estábamos, los cinco intentando no salir despedidos y agarrándonos al elefante como si en ello nos fuera la vida.

Ya en el Mekong, todavía encima de los elefantes

Cuando llegas al Mekong, el elefante se mete contigo encima, y entonces empieza lo que debe ser más divertido para los guías laosianos que nos acompañaban. Ellos le gritan una orden al elefante (algo así como “Heró!”), y éste se hunde y se zarandea, todo con la intención de ver cuántas veces son capaces de tirarte al río para acabar calados hasta la orejas.

Intentando no caernos....

Los cinco acabamos en el agua varias veces, y los guías se meaban de la risa. Cada día lavándonos los dientes con agua mineral para llegar aquí y meterte en el río de cabeza… en fin. El día fue completito, porque cuando terminó la excursión acabamos por casualidad celebrando un cumpleaños laosiano, bailando y bebiendo con algunos lugareños whisky de Laos, que es una bebida super fuerte más parecida al orujo que al whisky. Ese día acabamos cansados, pero nos lo pasamos en grande. Os ponemos otro video, este de la fiesta “laosiana”, con música en directo!

Otra de las cosas típicas que suele hacerse en Luang Prabang es bañarse en unas cascadas que hay a 30 km del pueblo. Se forman piscinas naturales de color azul turquesa espectaculares y aunque nos costó encontrarlas – no porque fuera dificil llegar a ellas, sino porque nos empeñams en buscar unas piscinas “concretas” – al final pudimos bañarnos en agua bien fresca en medio de la selva.

Al principio de la excursión a las cascadas

En las piscinas

Ese mismo día  nos pegamos un buen madrugón, levántandonos a las 5 de la mañana para ir a dar de comer a los  monjes. Una tradición de Luang Prabang que se celebra cada día a las 5:45 de la mañana y en la que los  monjes desfilan por las calles del pueblo, mientras la gente, de cuclillas o agachados, les echa comida en sus capazos.

El pueblo dando de comer a los monjes

Y para comida, los gnocchis con salsa de tomate que cenamos una noche gracias a Enrico y Agustina. Consiguieron comprar en el mercado patata y harina (no es fácil encontrar ninguno de los dos ingredientes en Laos) y sudaron lo suyo para prepararnos unos gnocchis caseros riquísimos.

Enrico y Agus, cocinando los gnocchis

Gnocchis bien caseros

En fin, que Luang Prabang nos ha encantado, y gracias a Alba, Enrico, Agus, Barbara y Betiana, la experiencia ha sido inolvidable. Gracias chicos!

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EL CURRY NUESTRO DE CADA DÍA

Cada mañana nos levantamos bien tempranito…sobre las 7 de la mañana, sin despertador ni nada. Nos duchamos (la primera ducha de las 4 o 5 del día), nos vestimos y nos vamos a la calle a buscar algún sitio donde tomar un café. Esto último que puede parecer una tarea fácil, es una de las más complicadas….difícil encontrar un sitio donde hagan un café decente, mira que tampoco soy tan sibaritas, me conformo con que no sea instantáneo ni sepa a ceniza. También  intentamos meterle algo al estómago, al principio buscábamos desayunos occidentales (tostadas, huevos revueltos….) pero ya hemos desistido, porque en general en Tailandia  la “western food” (comida occidental) es  bastante mala y muy cara también. Así que de buena mañana nos atizamos una sopa de noodles o un pad-tai.

EN BICI POR CHIANG MAI

Volvemos al hotel para enfrentarnos con esa gran pesada compañera: la mochila. Cada día hay que meter todos los trastos dentro…no entiendo cómo hay días que lo metes todo a la primera e incluso sobra sitio y otros días que no cabe ni a la de tres. No compramos nunca nada e intentamos deshacernos de todo lo que podemos (Gabriela dio buena cuenta de ello, que la mandamos a Barcelona bien cargadita). Nos hemos propuesto seguir dejando cosas hasta que bajemos a 15kg de mochila, si alguien está pensando en dar la vuelta al mundo o  hacer un viaje muy largo, es el máximo de kilos que yo le recomendaría que llevara encima, no sólo por la comodidad de viajar con menos peso, también  porque es el máximo de kilos que la mayoría de monjes aburridoscompañías low-cost te permite subir al avión sin pagar exceso de equipaje.

Lo siguiente es irnos a la estación de tren o de autobús (según disponibilidad) y comprar el billete más barato para el siguiente destino al que queremos viajar, intentamos que no sean más de 4 o 5 horas de trayecto para que no se haga demasiado pesado (aunque tuvimos uno que se alargó hasta 11 horas!). Así es como hemos atravesado Tailandia desde Bangkok hasta Chiang Mai por menos de 200baths (unos 4 euros). Los vagones de tercera categoría, aunque lentos como un caracol y sin ninguna comodidad, no están nada mal, primos-hermanos de algún que otro tren de Renfe.  Nos gusta más el tren que el bus, porque te puedes levantar y estirar las piernas, sacar la cabeza por la ventanilla, ir al wc y además puedes disfrutar de una ruta gastronómica, porque como son los trenes más baratos, paran en todos los pueblos y en cada uno  suben señoras a vender comida recién hecha, bebidas, frutas…y todo bien baratito, así que en el tren no se pasa nada de hambre, al contrario.

en el tren se come muy bien

Cuando llegamos a la ciudad de destino y nada más bajar del tren o autobús,  toca esquivar a los taxistas, conductores de tuc-tuc, agentes de viajes y otros listillos que te ofrecen ayuda interesada preguntando “where you going – where you going”. Evitarlos no siempre es fácil,  porque a veces las estaciones no están en el centro o porque estamos completamente desorientados y  no tenemos ni idea de cuál es la zona dónde estarán los hoteles. Los taxistas (esto es algo común en casi cada país en el que hemos estado y que me disculpe si alguno me esté leyendo y se pueda sentir ofendido) son bien astutos – por llamarlos de alguna manera – y no tienen ningún reparo en mentirte y decirte que el sitio está muy lejos sin estarlo o por supuesto querer cobrarte el doble por la carrera. Así que hacemos lo posible por pasar de largo e  ir andando (a veces nos hemos colado y luego ha sido una buena caminata) o buscar otro transporte público alternativo, aunque alguna vez nuestro cansancio puede más y cedemos a las insistencias del taxista de turno.

Siguiente misión: buscar un sitio donde dormir. Algo que esté más o menos céntrico, limpio, barato y a ser posible con Internet (esto último es a veces más complicado de lo que parecería). Siempre vemos las habitaciones antes de dar el “si quiero” y dependiendo de nuestras energías vamos a ver dos o tres hoteles para comparar o bien nos quedamos en el primero que vemos más o menos curioso.WAT PHRA SI SANPHET

Después de una merecida ducha, salimos a la calle para buscar un sitio donde comer algo. Casi siempre es un curry, que ya somos unos expertos catadores de los mismos…los hemos comido verdes, rojos, amarillos, naranjas y en todas sus variantes.  Nuestra pasión por el curry comenzó con un curso de cocina tailandesa que hizo Miguel en Barcelona, desde entonces hemos seguido probando y comparando currys, casi todos buenísimos, aunque tengo que decir que como el curry de mi Churry, no hay ninguno!

Una vez que tenemos el estomago lleno, volvemos al hotel a descansar un poquito, a veces una pequeña siesta, otras veces leemos la Lonely Planet para ver qué hay para ver en el pueblo o ciudad que toca.

WAT PHRA SINGHA media tarde cuando ya ha bajado un poco el sol, nos vamos de templos, unas veces caminando, en bicicleta o en barca.  No hay sitio que no tenga uno, dos, o más templos para visitar. Los hay para todos los gustos, con budas de todos los tamaños y posiciones. Los que más nos han gustado son Phra Singh en Chiang Mai y Phra Mahathat en Ayutthaya. En Lopburi tienen uno: Prang Sam Yot absolutamente lleno de monos….los dos primeros macacos que ves hacen gracia y les sacas una foto, pero cuando llevas toda la tarde caminando por la ciudad llena de monos,MONOS EN LOBURI les empiezas a coger bastante asco. Mucha gente pasea con un palo para quitárselos de encima, incluso nos avisaron de no tender ropa fuera para que no se la llevaran los monos.

Volvemos al hotel para darnos una ducha más y comenzar a rascarnos…porque es la hora en la que los picores comienzan a hacerse más insoportables. Aquí tengo que decir que además de los mosquitos, nos han PICOTAZOS EN EL BRAZO DE MIGUELpicado los chinches, así que vamos bien serviditos de picotazos. Nos rociamos de repelente, ponemos insecticida en el cuarto y damos unos cuantos raquetazos eléctricos con la raqueta mata-mosquitos que nos compramos al poco de llegar a Tailandia (gran invento!).

A la hora de cenar nos vamos a los mercados, porque no hay ciudad en Tailandia sin su mercado nocturno, son un auténtico deleite para los sentidos, sobretodo el paladar. Nos hemos dado cuenta de que es bastante común en Tailandia no cocinar en casa, sino ir directamente a estos mercados, comprar la comida ya lista y llevarla a casita muy bien preparada en sus múltiples recipientes de plástico (aquí en plástico no escatiman nada…).Disfrutamos probando comidas que no conocemos,  frutas nuevas y a cada cual más rara(como el roambután, esa especie de  lichee que hemos puesto en el banner), haciéndonos entender con los sonrientes tenderos y  echando fotos a todo lo que nos resulta curioso…sin duda una de las mejores formas de conocer Tailandia, ir a los mercados.

mercado de Phaitsanulok

Por último vamos a uno de los miles de seven-eleven que hay en este país a comprar una botella de agua y nos vamos al hotel donde nos espera la última de las duchas del día. Si tenemos, nos conectamos a Internet, otros días vemos algún capítulo de una serie en el ordenador y otros estamos tan cansados que vamos directos a dormir, porque nos espera otro intenso y largo día por el norte de Tailandia.

VIAJANDO POR LA COSTA DE ANDAMÁN

Escribo este post desde uno de los pocos sitios en Khao Lak con Internet que funcione bien. Pensábamos que en Tailandia ibamos a tener más facilidad para conectarnos desde los sitios dónde durmiéramos, pero nos hemos encontrado con que muchas veces el hostal no tiene Inernet, o cuando la tiene, el servicio se interrumpe, la señal es floja, etc…. Así es que a falta de Internet en el hostal, cuando pillamos un lugar con wifi montamos nuestro pequeño campamento. En este casoEn la estación de autobuses, esperando a coger otro autobús..., un restaurante (que además hace un curry buenísimo) en el que hemos desayunado, hemos comido, y posiblemente cenemos. Aquí nos apoltronamos hasta que cojamos a las 20:00 el autobús que nos deje en Bangkok a las 8 de la mañana. No es que prefiramos ver Internet a conocer Khao Lak, pero es la segunda vez que estamos en este pequeño “pueblo” de la costa oeste de Tailandia y no da para tanto. Y como he empezado por el final, quizás que vuelva al punto en el que Gabriela se fue. Nos quedamos tristes, y a la tristeza se sumó algo de apatía. Son ya 8 meses viajando, y empezamos a preferir desplazarnos menos y escoger lugares que nos atraigan para pasar varios días.

El primero de estos sitios fue la playa de Railay (tambien llamado Rai Leh), pero nos equivocamos. Fuimos con la intención de pasar varios días y aguantamos una noche. La playa en sí es preciosa, y no tanto por al agua color turquesa (que aquí en Tailandia es bastante normal), sino por los acantilados de piedra caliza que la bordean.

Playa de Railay Oeste

El problema es que quedarse en Railay es bastante caro y los viajeros con presupuesto más ajustado nos tenemos que conformar con una playita que está justo al lado, la playa de Ton Sai. Las dos playas son playas en el continente (no están en niguna isla) pero la sensación que tienes en ellas es la de estar aislado: están rodeadas de selva y montañas, sólo puedes acceder con las barcas típicas tailandesas (las long tail boat) y hay electricidad únicamente por la noche. Lo que las diferencia es que Ton Sai tiene una atmosfera más hippie, hay mucho escalador (los acantilados son espectaculares) y la playa, con la marea baja, se convierte en un barrizal lleno de mosquitos (no entiendo cómo estando una al lado de la otra les afecta de forma tan diferente la marea).

La playa de Railay West al fondo

Bueno, resumiendo, que no nos gustó, y como tampoco escalamos pues no teniamos nada que hacer allí. Además, está llena de bichos e insectos…. cuando llegamos a nuestro bungalow, Alvaro vio una serpiente entre las vigas, en el lavabo teníamos una rana blanca viviendo entre la ducha y el w.c., y para colmo las ventanas no tenían mosquitera. Yo creo que se juntó de todo un poco y posiblemnte nuestro estado de ánimo tampoco facilitó que vieramos la playa de forma más positiva. A la mañana siguiente nos largamos de vuelta a Krabi, con la idea de viajar hacia el norte, a la costa del mar de Andamán e intentar volver a repetir lo que hicimos en Australia de pasarnos varios días en un barco buceando (un “liveaboard” o “vida a bordo” en español).

Sombrillas en la playa de Khao Lak que nos gustaron

Así es como acabamos en Khao Lak, conocida por ser punto de partida hacia algunos de los mejores “sites” de buceo de Tailandia y del mundo: las islas Similan, la Richelieu Rock, Koh Bon, Koh Tachai, las islas Surin… y por ser una de las playas dónde el tsunami del 2004 mató a más personas. Te dan escalofríos cuando paseas por la playa y ves en los arboles que la bordean letreros con las fotos de familias ENTERAS que el tsunami se tragó.

Después de mucho peregrinar de centro de buceo en centro de buceo, Alvaro encontró la que parecía ser el mejor “vida a bordo”, pero no partía de Khao Lak, sino desde la isla de Koh Payam, una islita muy cerca ya de la frontera con Myanmar (Birmania). Y allí nos fuimos.

Playa de Koh Payam

Koh Payam. Si algo buscábamos en Tailandia, aquí lo hemos encontrado. Una isla super tranquila, con poquísima gente (ahora es temporada baja, pero nos han dicho que en temporada alta no hay mucha más), una playa preciosa, electricidad sólo de seis de la tarde a medianoche y por la noche una brisa que evita los mosquitos y hace el calor más llevadero. Una isla super recomendable y que merece una visita antes de que se convierta en una isla turística más de la muchas que hay en Tailandia.

El "bungalow", una tienda de campaña entre tejado y madera

Antes de embarcar en el “vida a bordo” hemos pasado en la isla tres noches, en unos bungalows (que no lo eran, ya veis la foto, una tienda de campaña metida entre tejado y madera, con el baño al lado descubierto) regentados por una familia Thai encantadora. Tres días de sol, playa, comer, jugar a las cartas (que Alvaro me ha enseñado a jugar al Guiñote) y  terminar de ver los últimos episodios de la serie 6 Feet Under (A Dos Mestros Bajo Tierra). En mi caso es la segunda vez que  la veo, pero aun así nos emocionamos los dos mucho y hemos tenido que “despedirnos” de unos personajes que nos han ido acompañando en practicamente todos los países de esta vuelta al mundo.

La familia dueña de los bungalows en Koh Payam también nos ha enseñado a cocinar Pad Thai (super facil) y colgaremos el video en cuanto podamos.

Los ingredientes del Pad Thai

La familia al completo

Y de Koh Payam al barco a bucear. Tres días buceando en el mar de Andamán, con inmersiones impresionantes: corales de todos los colores, un tiburón ballena, tortugas, morenas, serpientes de mar y mantas. Muchas mantas, GIGANTES, de 5 ó 6 metros de ancho, que “bailan” curiosas a tu alrededor. ¡¡Alucinante!!

En el vida a bordo aprovechamos y nos sacamos el “Advanced Open Water” y hemos conocido a Sara, una española super maja, coordinadora y dive master del viaje, que un buen día dejó el trabajo y se fue a la “aventura”. Y aquí está, super feliz, trabajando en una de las cosas que más le gustan. ¡Qué envidia! Después de tres días buceando (y menudos buceos!) sólo queremos bucear más….

Y así es como hemos acabado en Khao Lak por segunda vez, porque el barco en el que nos hemos pasado tres días buceando, nos dejó aquí ayer por la tarde…

Con Sara, en el barco, entre buceo y buceo...

Con Sara y Oyster, a punto de echarnos al agua

“KOM PUN KAAAAAAAAAAAAAAAA” (Gracias!)

Templo del Buda tumbadoComo estrella invitada a MELARGODEVIAJE tengo el honor de escribir el segundo post de Tailandia. Admito que no será fácil, porque mi primera aventura en Asia, acompañando por 15 días a Álvaro y Miguelito, dio para mucho.

Lo primero fue saber que ninguno de los dos estaba dispuesto a recogerme en el aeropuerto, ni menos a la hora de mi llegada: 5 y media de la mañana. No me quedó más remedio que armarme de valor y arreglármelas solita en la entrada a una de las ciudades más caóticas: BANGKOK. El golpe de calor y humedad cuando fui a buscar al taxi me lo resumió todo. PREPÁRATE GABRIELA.

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Después del reencuentro con los chicos comenzamos la travesía. El primer día lo dejamos para la visita obligatoria a los Templo del Buda tumbadotemplos. Aquí es el bien más preciado y Buda tiene cientos de guaridas en donde los creyentes –que son todos- van a rendirle pleitesía. Nosotros no quisimos ser menos y tapados literalmente hasta las orejas –las mujeres debemos entrar sin mostrar ni piernas ni hombros- entramos a todos. Uno de ellos resguarda la imagen de un Buda acostado de más de 16 metros de largo, bañado en oro. A estos templos se llega en River Boat, otra manera de cruzar Bangkok y que resulta más rápida y barata (sólo 13 THB, unos 0,30€).

Lo barato que es todo te hace más feliz aún y más tentado a probar de todo. Comer fue uno dRestaurante favorito al lado de Kao San Roade nuestros grandes placeres por decir de una manera decente que nos pusimos como el Quico. Sólo por dos euros cada uno comíamos en un restaurante casero llamado Pua Kee, cerca de Kao San Road, una de las calles más populares de Bangkok, recomendadísimo para todos los que tienen planeado hacer ruta gastronómica sin reparos. Esto último no es apto para “tiquis miquis”, porque donde mejor se come es en la calle. No hay que tener reparo alguno de probar un excelente Pad Thai con Tofu, sopa de curry verde con coco o un shake multifrutas. Yo que soy de buen comer –y quedará demostrado en las fotos- no me privé de nada, ni siquiera de la oportunidad de probar langostas, escarabajos y orugas fritas, que saben más a aceite que al mismo bicho.

Comiendo bichos

Uno de los mejores sitios para comer son los mercados. Atraídos por eso y por ser el más grande de Bangkok fuimos al de Chatuchak. Las compradoras empedernidas como yo lo tenemos difícil cuando ves que está el regalo perfecto para todo el mundo pero no tienes espacio en la maleta. Tuve que conformarme con comprar pequeños caprichos de moda tailandesa y el resto del tiempo, ahogar las penas con un helado de coco, tal vez el mejor que he comido en mis 32 años.

Quien viene a Bangkok tiene como visita obligada el distrito de Pad Pong. Los tailandesdes son capaces de copiar todo tipo de carnets y licencias internacionales hasta el mítico “clutch” de Chanel que se va conmigo a Barcelona. Aquí los louis vuittones, guccis y rolexes se venden como pan caliente y no puedes dejar de llevarte alguno, no sin antes hacer gala de tus mejores técnicas de regateo en las que Álvaro y Miguel ya tienen el “Dive Master”. Los thais se quedan con la sensación de haber hecho el negocio del año o de que le has tomado el pelo lo más grande.

Bangkok de noche, desde un piso 63En este mismo barrio nos quisieron tomar el pelo a nosotros. Curiosos por ver a las ping pong ladies –chicas que hacen malabarismos con pelotas de ping pong y no precisamente con las manos- nos dejamos llevar por uno que nos ofreció el show.  Lo seguimos y llegamos a su local, más cutre no podía ser. Nos soprendió que al principio no nos dijeran los precios reales de las bebidas. Pedimos tres cervezas y esperamos atentos a que saliera la estrella. Nuestra decepción fue más grande cuando nos dimos cuenta que el clímax de la actuación era que la bola entrarar a un vaso que la mujer se ponia en medio de las piernas. Eso parecía una gallina poniendo un huevo, vamos, y hasta yo lo puedo hacer mejor! Nos quisimos ir y allí vineron los problemas. Al traer la cuenta sumaban 4.300 baths, casi 85€. Nos estaban cobrando el show -¿cuál?- las copas de las chicas –no habíamos invitado a nadie- y las cervezas –que nos tomamos a medias. Miguel se puso a discutir y el dueño más se enfureció. Por otro lado Álvaro gritaba a la dueña, y yo me tomaba la cerveza de los nervios. Al final pagamos sólo 1.000 baths es decir, las tres cervezas y nos fuimos con la sensación de sentirnos timados, aunque unos días más tarde comprobamos con otros viajeros que no seríamos ni los primeros ni los últimos.

Isla de Koh Tao - Mango BayLa ciudad ya nos pareció suficiente y partimos a la playa: Koh Tao. Llegamos a la isla pensando que nos esperaría una vida tranquila, con gente autóctona, pero aquí está hecho por y para turistas y más que pieles morenas y sonrisas agradables nos recibieron guiris un poco locos, quemadísimos por el sol y con cara de pocos amigos. Las playas eran lindas, arena blanca, pero estaba más poblado que Ibiza en agosto y eso para tres treintones en busca del paraíso, no era suficiente.

Koh Tao

Igualmente decidimos quedarnos un par de días para que los chicos hicieran una inmersión y darnos tiempo de ver Mango Bay. Aquí hice mi primera incursión con snorkel, supervisada pro Álvaro porque con lo cagada que soy, sola no me atreví.  Es increíble y súper recomendable, te sientes pequeñísima viendo el fondo del mar y los colores que pueden existir. ¡Si hasta vi peces azul Klein y estoy convencida de que ellos fueron los que inventaron el color!

Snorkleando

Por consejo de dos chicas argentinas monísimas que conocimos en el camping, nuestra ruta varió. Decidimos cambiar Koh Pah Ngan –donde se hacen las míticas fiestas de la full moon y todo el mundo sólo va a ponerse de vuelta y media- por la isla de Koh Jum, una de las más tranquilas de Tailandia.

De camino a Krabi - Koh Jum, en la estación de autobusesLlegar no fue fácil y nos supuso más de 12 horas de viaje –lo mismo que a mi desde MAD a BKK- , dos cambios de barco, un autobús, una van incomodísima y una noche en la ciudad de Krabi que se compensó con la visita al mercado nocturno donde nuestro objetivo fue probar lo más raro de los puestos de comida y cada plato por solo 10 baths.

El sábado a mediodía se avistaba Koh Jum a lo lejos. No veíamos ni muelle ni embarcadero ni nada. Íbamos a Andaman beach. En medio del mar el barco se detuvo y una “lancha del resort” –como si fuese una limusina de hotel- nos pasó a recoger con todos nuestros bártulos. Al llegar es el mismo mar que te recibe porque debes saltar al agua para bajar.

Llegada a Koh Jum

Nuestro resort en Koh Jum

Caras sonrientes, lugareñas, menos de dos guiris a la redonda, playas desiertas –aunque quizás no las más bonitas que hemos visto- el mejor masaje tailandés hecho por una veterana y que se notaba que sabía –al otro día amanecí con agujetas- y la mejor comida que hemos probado resume esta isla. Mención especial merece Dilah, la dueña del resort de al lado y restaurante donde fuimos a desayunar y cenar todos los días, que aparte de probar la mejor comida de todo el viaje sin lugar a duda, ella era encantadora. Sólo con escuchar su risa y su manera positiva de ver la vida, valía la pena repetir.

Dila, del Hostal Bo Daeng, el día de su cumpleaños

Uno de los días en Koh Jum nos sirvió para irnos de excursión a las islas Phi Phi, a ver la mítica “beach” de Di Caprio –que Snorkling en Phi Phi Lehhoy es un embarcadero repleto de turistas que en defintiva no te dejan ver la playa, aparte de pagar 200 baths por pisarla-, hacer snorkel en el mar más turquesa rodeados por acantilados y conocer las islas donde fue el tsunami del 2004. Estas últimas las famosas Phi Phi Don, ya no podían estar más llenas de gente, absolutamente NO recomendables a primera vista porque no puedes disfrutar de la playa por la cantidad de lanchas que hay ni por lo caro que es todo.

Bronceada, con unos kilos de más, pero completamente feliz termino mis vacaciones. Después de este tostón de post (y se me quedaron mil anécdotas en la memoria), sólo decir que unirme a dos viajeros de lujo, es un verdadero lujo y que este viaje no habría sido igual sin ellos. Reírnos hasta decir basta de cualquier tontería que se nos ocurría, probar todos los sabores sin miedo, introducir nuevas palabras a nuestro vocabulario petardo como “ten baa” (change bus) o “sheim sheim” (same), ya ha sido una experiencia.

Nuestro taxi en Koh Jum

“Kom pun kaaaaaaaaaaa “ Álvaro y Miguelito por dejarme acompañarles en ésta, mi primera aventura… que quizás no sea la última.

Atardecer en Koh Tao

MOGOLLÓN EN BANGKOK

calles de PerthFuimos unos días a Lancelin con la intención de hacer más surf, sin embargo las circunstancias del mar no lo permitieron, así que volvimos a Perth a pasar los últimos días en Australia e intentar gastar lo menos posible, dejando para nuestra etapa asiática todos aquellos pequeños caprichos que nos apetecía darnos: cenar en un restaurante, una buena cervezota en una terraza, el heladito de la tarde…. Dar la vuelta al mundo de low-cost en low-cost puede salir barato (ej. Perth-Bangkok 234€) pero te obliga a veces a planear con antelación los vuelos y no siempre es fácil calcularlo. Por cierto, que el otro día vimos un ofertón para volar a Tokio la primera semana de julio y nos hemos comprado el billete, así que si alguien se anima a conocer la gran nipona con nosotros, allí estaremos.

calles de BangkokHemos llegado a Bangkok y transitar por las calles de este mega-urbe puede parecer de todo menos aburrido…es un no parar de gente y más gente, coches, motos, taxis de colores, tuk-tuks y sobretodo comida…..comida por todos lados, puestecitos donde la preparan….de noodles, de sopas, de frutita bien peladita y cortadita, de fritos, arroces, pescados, pollos colgando….otros dónde venden vegetales, semillas, especias. Cuando ves tanta comida y sobretodo hueles tantos olores, tengo sentimientos encontrados: por una lado un poco de repelús de ver todo tan sucio, de pensar cómo habrán fregado esos cuencos roñosos en los que se cocina, me acuerdo del agua del grifo, las diarreas ….pero al mismo tiempo unacomida por las calles de Bangkok curiosidad terrible por probarlo todo, porque descubrir sabores nuevos me encanta, y en es especial, la comida tailandesa me fascina. Si además de tanta variedad, te encuentras con que lo más caro que te puedas comer por las calles de Bangkok no llega a un euro, ¡pues disfrutas más todavía!

puestos de comida, Bangkok
En medio de todo este caos de sensaciones, transitamos miles de turistas de todo tipo y condición: los mochileros trota mundos por Khao San Road, los turistas sexuales, los turistas de retoques y cirugías (por sólo 80€ te ponen botox!!), los que aprovechan su Semana Santa, etc , etc….
manifestaciones camisas rojas, BankokPor si todo esto fuera poco, también están las manifestaciones de los camisas rojas, aunque más que manifestaciones yo diría que tienen un auténtico campamento montado en pleno centro de la ciudad, con carpas, escenarios y equipos enormes de altavoces donde dan los discursos, tiendas de campaña, wc públicos, duchas, peluquería, masajes, más puestos de comida, de merchandising y gente y más gente literalmente acampada en medio de la calle. Nos dimos una vuelta y en absoluto tuvimos la sensación de peligro, al contrario, allí parece todo el mundo muy tranquilo, dispuestos a no moverseacampada camisas rojas, Bangkokhasta que no se celebren las elecciones anticipadas que reclaman, para que haya un cambio de gobierno. Al rey, sin embargo (que es de los que reina pero no gobierna) parece que todo el mundo lo quiere mucho y allá donde vas te encuentras unas fotos enormes del buen hombre con gafas y sus mejores galas.
Cuesta un poco habituarse a tanto ajetreo, pero es emocionante y completamente distinto al resto de países por donde hemos estado. A veces nos preguntan (sobretodo la familia) si no nos cansamos de de tanto viajar, y la verdad es que no…que nos apasiona, y que además llegar a un país nuevo significa cambiar totalmente la perspectiva, de cultura y de ritmo, es comenzar una nueva aventura.
Mañana llega a Tailandia nuestra amiga Gabriela, la primea que se ha animado a compartir parte del viaje con nosotros y estamos muy ilusionados con su llegada. Estoy deseando verla, achucharla y recorrer la ciudad con ella, bañarnos en las playitas de las islas del sur, tomarnos unos cocktels y reírnos hasta que nos duela la tripa.
Elena y Miguel en la puerta del hotel de flashpaquers "SO"Y hablando de amigos, quiero aprovechar para enviar un abrazo muy muy fuerte a Pablo y Elena, la pareja sevillana que conocimos en Nueva Zelanda, que por causas de fuerza mayor han tenido que volver a España mucho antes de lo previsto….Elena, esperamos que estés bien prontito , ¡muchos ánimos!
Y por último comentar que hemos añadido un segundo álbum de fotos de Australia y hemos actualizado la página de gastos (que nos consta que tiene muchos fans), también recordar que si necesitáis un billetito de avión para este verano, lo podéis comprar haciendo click en algunos de los links que hay en la web (vueling, spanair, rumbo y e.dreams) y que por cada compra nos dan 4 euritos, que no está mal!