“Son las nueve de la noche y ya hace un buen rato que la oscuridad reina en el Whitesands hotel de Mombasa, segunda ciudad en importancia de la República Democrática de Kenya. Llevo un día y medio aquí y no tengo ninguna sensacion de lo que se encuentra mas allá de los muros del hotel, pero creo que no tendré demasiadas oportunidades de conocerlo en los siete días que pasare aquí, ya que todas las recomendaciones son las de no salir del hotel por que tu piel es blanca y eres blanco de los ladrones, que debe de haber muchos. Pero eso si, la vida dentro de los muros es auténticamente paradisiaca. Tres grandes piscinas rodeadas de enormes palmeras para disfrutar de todo tipo de atracciones para el turista, por las mañanas se puede disfrutar de actividades acuáticas con monitores, tirarte por los toboganes y trampolines o sentarse dentro de la piscina apoyado en la barra del bar y disfrutar de un fresquito coctel, gimnasio, spa, saunas y un sinfín de cosas que el turista medio que en su mayoría son ingleses e italianos disfrutan cantidad. Poco he disfrutado pues de la intención de mi viaje hasta aquí, lo único la temperatura, puesto que estamos en febrero. La noche es sofocante pero la brisa marina te deja respirar un poquito, pero el sol pega con mucha fuerza desde las nueve de la mañana hasta poco antes de ponerse sobre las seis y media de la tarde. Mañana a las seis de la mañana comenzamos un safari que nos llevara a siete personas al interior del país, al Parque Nacional de Tsavo West.
Tres horas tardamos en llegar con nuestro jeep hasta la entrada del parque, que sirvieron para conocer, desde la ventanilla, lo que había fuera del hotel. Fueron tres horas por carreteras en muy mal estado, llenas de baches enormes que agrandaban aun mas los cientos de camiones que circulaban por ellas, mientras, veías como el paisaje cambiaba, dejábamos atrás la vida tropical de mombasa con sus playas de arena blanca y sus frondosos palmerales y nos adentrabamos en el interior, tierra roja arcillosa poblada de matojos y algún que otro árbol, así parecía ser todo el interior del país, así era, la sabana africana.
Una vez llegados al parque, el jeep transforma su habitáculo y el techo se levanta como un metro para que de pie podamos disfrutar del safari. Lo primero en ver y lo mas abundante en el parque son los elefantes. Lejos de la esclavitud a la que se ven sometidos los elefantes en otros lugares del planeta, aquí pastan a sus anchas, siempre las hembras son sus crías formando numerosos grupos y los machos en solitario, se puede disfrutar de su compañía y su visión cada poco tiempo. Pero no son los elefantes los únicos habitantes, allí hay numerosas manadas de cebras y búfalos, y en menor medida se pueden ver monos, hipopótamos, gacelas y un gran numero de cuadripedos que no me atrevo a adivinar su especie. Dos han sido las especies que mas llamaron mi atención, la primera, la jirafa, por su gran extrañeza no hay animal conocido que si quiera se asemeje a la jirafa, es un animal esbelto de extraño correr y con una piel tintada de marrones y amarillos. Ha este animal, al contrario que otros que enseguida huyen al adivinar nuestra presencia, parece tener curiosidad por el hombre y se queda mirando un buen rato hasta que decide seguir comiendo. El otro animal que llamo mi atención no fue otro que el león, tanto por su dificultad para encontrarlo, ya que solo al final del safari lo encontramos, como por su majestuosidad y el respeto que imponía. Nada mas que un gato enorme parece el león, descansa tranquilo junto a su familia a la sombra de un gran árbol, supongo que reposando la comida de una noche de caza, pero este no es un animal al que uno pueda acercarse, por algo tiene el honor de ser el rey de la sabana, también el de ser la prueba de valentía del pueblo Masai, ya que los masais tienen como tradición que al alcanzar la madurez salen a la sabana armados unicamente de una lanza y un pequeño palo. Pues bien, un Masai solo conseguirá la madurez y con esta la oportunidad de casarse si de la sabana vuelve con la cabeza de un león, de otra manera el Masai no tendrá descendencia, de ahí que un pueblo con muchos años de antiguas costumbres todavía perdure en este mundo de injusticias dirigido por algunos pocos.
Eran dos días de Safari, y la noche la pasamos en un campamento en medio de la sabana, un rojo y precioso atardecer dio paso a una noche estrellada como jamas había visto en Europa y un silencio “sabanal”. Muy lejos de carreteras y ciudades aquí solo se oía el sinfín de animales que de noche mas que de dia hacen vida en esta parte del globo. A lo lejos se oye el rugir del león o las millones de especies de insectos y aves que pueblan la sabana. En el campamento cenamos y la cena dio paso a una estupenda velada, un corro de unas 20 personas de todas partes del mundo a la luz de una hoguera mientras un local nos cuenta historias y leyendas sobre la sabana y la vida del pueblo Masai. Nunca lo olvidare.”
¿Dónde estamos?
Melbourne (AUSTRALIA)
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